Garzonas y feministas cubanas en la década del '20: La vida manda, por Ofelia Rodríguez Acosta
Nina Menéndez 




En abril de 1928, la periodista feminista Mariblanca Sabas Alomá (1) publicó una serie de artículos en la revista Carteles sobre la homosexualidad (2) femenina (o el "garzonismo" (3) como se lo llamaba en Cuba en esa época). En dichos artículos, Sabas Alomá, hablando en nombre del feminismo progresista, articula un discurso homofóbico que caracteriza al lesbianismo como una enfermedad social, y aboga en contra de aquellos que lo asocian con el feminismo. En sí los parámetros de su discusión, así como la selección misma del tema, reflejan el gran impacto que, sobre la sociedad cubana de entonces, tuvieron los discursos del feminismo, del "amor libre" o la liberación sexual de la mujer, y de la homosexualidad. 
Muchas intelectuales feministas de este período, aun las que como Sabas Alomá representaban el ala más progresista del movimiento de la mujer en Cuba, predicaban actitudes homofóbicas desde una posición reaccionariamente defensiva en su afán de distanciarse del estereotipo asociado a la orientación sexual de la mujer feminista. 
Sabas Alomá caracterizó al lesbianismo como un crimen contra natura y un vicio que representaba "la lujuria, el desenfreno y las desviaciones sexuales", (4) el cual, como resultado de la opresión de la mujer bajo el sistema capitalista, desaparecería con la llegada del socialismo. Según ella, el lesbianismo era "un asqueroso gusano que está corroyendo hasta las entrañas a toda una generación de mujeres". (5) 
El discurso "científico" sobre la sexualidad femenina mejor conocido en Cuba en esa época era el que desarrolló el biólogo español Gregorio Marañón, cuyas teorías circulaban ampliamente en América latina en la década del '20. (6) Se populariza este tipo de discurso medicalizado y cientificista sobre la sexualidad femenina en el mismo momento histórico en el que surge el feminismo en Cuba y el movimiento del llamado "amor libre" ha empezado a impactar a ciertos sectores de la sociedad cubana. El acceso cada vez mayor a la independencia económica y a la educación, junto con el desarrollo de nuevos métodos de anticoncepción, hizo que el concepto del "amor libre" fuera viable para algunas mujeres y, al mismo tiempo, abrió en cierto grado un espacio social para la mujer lesbiana. La idea de la "liberación" sexual de la mujer estaba surgiendo en la conciencia del público como una fuerza a la cual era necesario controlar. Sin duda ni la sexualidad femenina en general ni la sexualidad lesbiana en particular podían ser ya controladas sólo a través de la ignorancia y la negación. Como respuesta a la necesidad de censurar la libertad sexual de la mujer, emergía un discurso que asumía la posición de superioridad del médico o del científico (hombre, por supuesto).
Marañón presenta una perspectiva ante el lesbianismo basada en un concepto de la homosexualidad en cualquiera de sus manifestaciones como aberración, anormalidad y defecto trágico. A la vez establece íntimos vínculos entre la mujer sexualmente "liberada" y la lesbiana. Para Marañón, todo se reduce a la siguiente fórmula: si, por un lado, una mujer manifiesta un alto nivel de deseo sexual o si, por otro, se niega a complacer a su esposo sexualmente, si padece de la depresión, no se conforma con la vida doméstica o no está feliz en su matrimonio, tiene que ser una lesbiana. Según Marañón, las lesbianas son mujeres, que poseen "características viriloides" y que se inclinan a la participación en la esfera pública. Una "verdadera" mujer, que se conforma al "prototipo de la fineidad" siempre está sexualmente disponible para su esposo, pero a ella sólo le interesa el sexo como medio para no perder a su marido y para concebir hijos, y considera que el matrimonio y la maternidad son su más alta misión en la vida. La posibilidad de que la moral sexual y matrimonial haya sido establecida según los principios del privilegio heterosexual masculino ni siquiera se le ocurre a Marañón. 
Como hemos visto, Sabas Alomá no tiene problemas con la noción de la lesbiana como aberración desviada y mujer masculinizada. Sin embargo, está en fuerte desacuerdo con lo que considera como el intento de Marañón de igualar al lesbianismo con el feminismo. (7) "No se masculiniza la mujer en el nuevo ejercicio de derechos, responsabilidades y deberes que hasta ahora habían sido privativos del hombre". (8) El feminismo, plantea Sabas Alomá, aboga por una fase superior en la evolución de la humanidad en la cual las mujeres participan activamente como ciudadanas en la esfera pública, mientras que el garzonismo existe desde las épocas de "Safo y de Victoria Colonna ", y es tan viejo como cualquier otro "vicio". Según ella, el feminismo y el lesbianismo son diametralmente opuestos. "La garzona -afirma Sabas Alomá-, lejos de constituir una etapa del feminismo, florece y supervive a pesar del feminismo. " (9) Ridiculiza la tendencia de la mayoría de la población a estereotipar a las feministas como mujeres "masculinas" e insinúa que las ideas de Marañón han contribuido a dicha perspectiva: 

Para una desoladora inmensa mayoría de las gentes, "feminismo" es sinónimo de "masculinidad". Feminista, entonces, es la mujer que ha dejado de ser mujer; nos la representan en un tipo negado de belleza y de gracia, con la voz baritonal, el genio endemoniado, la frase insultante para el sexo fuerte siempre a flor de labios, cuello, corbata, antiparras, ademanes hombrunos, y ihorror de los horrores!, la sombra acusadora de un bigote incipiente, jcoqueteando con las teorías del doctor Gregorio Marañón! (10) 

Sabas Alomá no está de acuerdo con la tesis de Marañón, la cual plantea que la homosexualidad es producto de factores biológicos. Ella acepta la posibilidad de cierto grado de potencialidad biológica pero insiste en que hay factores sociales importantes que son necesarios para su actualización. Su intensa homofobia la lleva a conclusiones que son profundamente misóginas. Desde su perspectiva, la homosexualidad en potencia es desatada por la ineptitud de mujeres "no aptas para la la maternidad", o sea, mujeres que no tienen educación, y que no han sido liberadas. Implicando -con su invocación de la matriz- que una feminista nunca produciría una hija lesbiana, plantea que "el feminismo no es, ni será nunca, matriz generadora de esa la masculinización de la mujer". (11) Según ella, sólo el diez por ciento de las mujeres que se casan tienen la capacidad "científica " de educar a sus hijos correctamente. "En el 90 por ciento de las restantes están las madres de las garzonas". (12) En apoyo a sus planteamientos, publica una carta de la Tesorera de la Alianza Nacional Feminista, Leticia de Arriba de Alonso, "La Marquesa de Tiedra", (13) quien la felicita por su campaña antiIesbiana y declara que una mujer que es "esencialmente apta para la maternidad" nunca podría ser la madre de una garzona. Al contrario, las mujeres que han sido oprimidas y confinadas a la esfera privada, y que "no tienen ninguna experiencia en el mundo ni una educación verdadera", están, según ella, más inclinadas a cometer errores en la crianza infantil que podrían desatar el potencial biológico de la homosexualidad. Empleando tropos que podrían ser interpretados como inversiones de imágenes asociadas al parto ("las entrañas" y el "gusano" parasítico), Sabas Alomá a su vez afirma que con la liberación de la mujer que brinda el socialismo, el asqueroso gusano del lesbianismo será purgado. 
Por otro lado también se oyeron voces alternativas en defensa del lesbianismo. Como respuesta a su primer artículo, Sabas Alomá recibió, y seguidamente publicó, una carta de la abogada escritora Dra. Flora Díaz Parrado (14) planteando que la lesbiana es "un tipo justo dentro de la incongruencia humana" y que su comportamiento es más aceptable que el de la mujer servil. Ella es verdaderamente audaz en su reivindicación del lesbianismo, atreviéndose a tomar una posición abiertamente positiva. Una vez más los órganos internos de la mujer son invocados pero esta vez como fuente para el nacimiento revolucionario del lesbianismo: "La garzona [. ..] tiene una revolución íntima, muy honda, en la entraña".
Díaz Parrado identifica la Primera Guerra Mundial como el fenómeno social catalítico que llevó a lo que ella considera una tendencia mundial hacia el lesbianismo que se estaba dando como un paso en la evolución de la "mujer del futuro". La Dra. Díaz Parrado también le recuerda a Sabas Alomá que las nociones populares son susceptibles al cambio y que, tal y como la gente de su generación ahora se ríe irónicamente ante la percepción que tenían sus ancestros de los epilépticos y los enfermos mentales como desviados morales, así también podrá ser vista como ridícula algún día la visión negativa del lesbianismo que comparten sus contemporáneos. 
Esta actitud abierta con respecto al lesbianismo es reiterada en la novela de Ofelia Rodríguez Acosta, La vida manda, (15) la cual presenta -dentro de una narrativa predominantemente heterosexual- un subtexto altamente audaz que presenta al lesbianismo como una identidad liberadora para algunas mujeres. 
Nacida en Cuba en 1902, Ofelia Rodríguez Acosta, además de prolífica novelista, fue una destacada activista feminista. (16) La vida manda, su segunda novela, tuvo grandes éxitos comerciales, agotándose rápidamente sus dos ediciones y provocando debates intensos. Una gran parte de la conmoción provocada por la novela provino de las católicas derechistas dentro del movimiento mismo de la mujer, quienes estaban escandalizadas por la posición abiertamente atrevida tomada por Rodríguez Acosta ante la sexualidad, a favor del amor libre y la libertad reproductiva. Mariblanca Sabas Alomá responde a los que censuran la novela de Rodríguez Acosta en su reseña del libro: 

Juzgar el libro de Ofelia con las antiparras arcaicas (sic) y antipáticas de la moral al uso, es ridículo, risible y tonto. Quede para los ineptos y para los mediocres. El lector inteligente lo tomará en sus manos libre de prejuicios. (17)

En las primeras líneas de su reseña -y en contradicción a su llamado por una lectura no prejuiciosa-, le asegura al lector, como quien no quiere la cosa, que la protagonista de la novela -y por implicación, su autora también- es una "verdadera mujer": "Novela de una mujer, de toda una mujer, por una mujer". (18) De este modo, Sabas Alomá refuerza una lectura heterosexual del texto y desvía la atención del subtexto subversivo de la novela.
Caracterizando a La vida manda como "quizás [. ..] el único libro valiente que se ha escrito en Cuba de muchos años acá", (19) Mariblanca Sabas Alomá declara que "a Cuba le ha nacido su novelista" (20). Sin embargo, a pesar de la generalizada aclamación merecida por Rodríguez Acosta en los años inmediatamente posteriores a la publicación de esta novela, no recibe ni en una de las historias literarias publicadas después de 1940 más que la obligada mención de paso. Esto resulta aún más alarmante a la luz del hecho de que su proyecto literario constituye un esfuerzo pionero en el desarrollo de la novela contemporánea de tema explícitamente feminista en América Latina.
A diferencia de mayoría de los personajes femeninos de las novelas feministas de las primeras décadas del siglo XX escritas por autoras latinoamericanas, La vida manda presenta una protagonista que no es de las elites, casada y encerrada en la esfera doméstica, y que tampoco es virgen, madre, monja o prostituta sino una humilde trabajadora clerical que explora las opciones al alcance de la mujer soltera que aspira a lograr la independencia a través del trabajo asalariado y que, desafiando las convenciones sociales, rechaza el matrimonio y la domesticidad y reclama el derecho a establecer relaciones íntimas no tradicionales basadas en la igualdad. El proyecto novelístico se centra en una desarticulación audaz de los parámetros de género, sexo, amor, familia, y maternidad, tradicionalmente vistos como inseparables. 
En La vida manda, la protagonista, cuyo nombre es Gertrudis (en una problable referencia tanto a Gertrude Stein como a Gertrudis Gómez de Avellaneda), es presentada como un sujeto activo que está en el proceso de establecer su propia identidad. Desde el principio de la novela, es caracterizada como una mujer fuerte e independiente con claras ambiciones de "llegar a ser alguien", que se identifica abiertamente con el feminismo y con los ideales socialistas y que es atrevida en la expresión de sus perspectivas políticas. Gertrudis es una mujer "auto-construida" cuya confianza en sí misma está basada en su habilidad de mantenerse económicamente a través de su participación en la fuerza laboral. 
Una característica destacada de esta novela es la experimentación que presenta en su representación de la sexualidad y las relaciones de pareja. Rodríguez Acosta interpola el discurso sobre el "amor libre" que está circulando en Cuba en la época y pone a prueba su viabilidad para la mujer. Central en la visión subversiva que Gertrudis representa es la creencia en la posibilidad de las uniones libres basadas en el deseo, el respeto, la honestidad y la igualdad. La protagonista jamás expresa el deseo de seguir la ruta tradicional del matrimonio y la domesticidad, la cual no es presentada en ningún momento como la meta para la realización de la potencialidad femenina. 
De hecho, Rodríguez Acosta cuestiona conscientemente toda una gama de convenciones relacionadas a la sexualidad femenina y a los papeles socialmente asignados a la mujer. El deseo y el placer sexual de Gertrudis ocupan un lugar central en su mundo. Aun cuando es virgen todavía, Gertrudis es presentada como un sujeto deseador y un agresor sexual. Como la antítesis de la tímida novia, persigue activamente su satisfacción sexual mientras reclama su derecho a la realización erótica. Aburrida y físicamente insatisfecha en el tradicional camino del noviazgo, Gertrudis deja a su prometido por un amante con el que espera satisfacer su curiosidad y deseo sexuales. 
El aspecto sexual de su relación con su amante Damián es predominante. Como mujer joven con una relación sexual fuera del matrimonio, Gertrudis nunca pestañea ante la idea de desafiar las convenciones sociales y simplemente cree que es su prerrogativa llevar la vida que a ella le dé la gana de llevar. Sin embargo, es precisamente su relación con Damián la que provee el marco para el fracaso de su visión utópica. 
A través de la relación de la protagonista con su amante, Rodríguez Acosta pone a prueba la viabilidad del discurso del "amor libre" y lo encuentra deficiente como solución y alternativa a la subordinación de la mujer dentro del matrimonio tradicional. Gertrudis se da cuenta de cómo sus valores han sido manipulados por su amante para su conveniencia. Descubriendo que Damián estaba "felizmente" casado y que no tenía las más mínimas intenciones de dejar a su mujer e hijos por ella, Gertrudis entiende que él ha alentado su creencia en el "amor libre" como estrategia para maniobrarla hacia un tipo de relación que, desprovista de compromisos y responsabilidades, a él le era muy ventajosa. 

-jY qué bien encontrabas que yo fuera una mujer sin prejuicios, indómita, emancipada de preceptos y convencionalismos sociales! [. ..] Indudablemente resulta muy cómodo para ti. (21) 

No hay intento alguno por parte de la autora, sin embargo, de sugerir que el matrimonio tradicional es preferible o superior a la "unión libre". De hecho la novela no presenta ni un solo matrimonio exitoso ni una sola familia que sea completa en el sentido tradicional. Tampoco hay ningún personaje masculino que podría ser inferido como compañero apto para alguno de los personajes femeninos. 
La novela contiene un subtexto de identidad lesbiana y de homoerotismo que presenta una alternativa subversiva dentro de un texto predominantemente heterosexual. La presencia de este tema en la novela, aunque disimulada, es significante y puede ser leída como una afirmación velada del lesbianismo como camino viable para la autorrealización de la mujer. 
A través de su trabajo free-lance como mecanógrafa de textos literarios Gertrudis conoce a una poeta lesbiana llamada Delia Miranda. En un gesto narrativo representativo de la invisibilidad social de la lesbiana en la sociedad cubana de la época, no se hace ninguna referencia explícita a la orientación sexual de Delia. Su lesbianismo es presentado de modo implícito y disimulado, y muchos lectores simplemente no se dan cuenta de ello. La identidad lesbiana de Delia tal y como Rodríguez Acosta la presenta se basa únicamente en su expresión del deseo lesbiano, no en una caracterización abierta por parte del narrador o por la de los otros personajes. No se da una estereotipización física ni psicológica de este personaje en la novela. De hecho, nunca llega a ser descrita físicamente, y no hay mención alguna de sus gestos o modo de vestir. Aunque es claramente independiente y agresiva, jamás es descrita como masculina. Es emocionalmente balanceada y no muestra señales de estigmatización social. Una poeta exitosa, representa un modelo de la creatividad femenina. Visto globalmente, Delia es un personaje claramente positivo en la novela. 
Delia es la única persona en la novela verdaderamente capaz de reconocer el valor y el potencial de Gertrudis. A lo largo de la novela, cuando ambas mujeres hablan una de la otra, utilizan un lenguaje profundamente humanizado, que contrasta con el lenguaje cosificador usado por los personajes masculinos en sus referencias a la protagonista: 

[Gertrudis] encarna nuestro tiempo. Ella vive ahora [. ..] [es] una mujer que trabaja, lucha, es pobre, y al mismo tiempo sabe pensar [...] practica la libertad de amar [...] ninguna religión. (22) 

Rodríguez Acosta le da la clave al lector para una lectura apropiada de esta novela desde la perspectiva de la estética lesbiana, reconociendo el uso del silencio de un modo que no fue articulado teóricamente como estrategia textual lesbiana hasta décadas después de que fuera escrita esta novela. Delia misma señala la función comunicativa del silencio en las interacciones lesbianas disimuladas: 

-¿En qué me ha conocido usted, Delia? 
-En sus silencios. Sus silencios son de una elocuencia irrebatible, a veces, desconcertante. Ponerles atención, es verla a usted llorar, añorar, pensar descarnadamente: amar. .. (23) 

Uno tiene que leer entre líneas, buscar la intención autoral en los silencios. "El amor que no se atreve a pronunciar su nombre", suele señalarse a través de lo que se omite, de lo que no se dice, de los silencios. La interacción entre Gertrudis y Delia es narrada de un modo que no deja dudas de que sus encuentros son altamente sexualizados. Cuando se conocieron "Delia la examinó de arriba a abajo". (24) Un comentario de Gertrudis provoca una mirada de Delia que Gertrudis lee literalmente como un anuncio comercial de luces intermitentes. La mirada, con sus posibilidades subversivas, comunica lo que se calla, lo que es socialmente reprimido. (25) Lo intermitente del anuncio en este pasaje puede ser interpretado como una referencia a la fragmentación de la identidad social de Delia y a la necesidad de la comunicación disimulada o en clave como estrategia para burlar el silencio impuesto a la población lesbiana y gay. Tal y como lo hacen las luces intermitentes de un anuncio lumínico, la mirada de Delia se enciende brevemente y luego se apaga enseguida, imagen que da la idea de los momentos furtivos y breves en los que Delia permite ver su verdadera identidad, como si estuviera probando la reacción de Gertrudis. 
Después, cuando por primera vez las dos mujeres se encuentran solas, Gertrudis se asegura de controlar los términos de la conversación. Empleando frases cargadas de ambigüedad -como "usted sabe que yo sé quién es usted"- establece cierto nivel de complicidad a la vez que impone una clara distancia con respecto a la otra mujer. Se establece aquí el hecho de que Gertrudis reconoce la orientación sexual de Delia y la acepta sin reproches, reflejando un momento audaz de la novela: 

[D:] -[...]Usted no me evita ... 
[G:] -Pero no la busco. .. ¿Por qué voy a evitarla? 
[D:] -¿Y por qué no va a buscarme? 
[G:] -Eso es; lo uno y lo otro, ¿por qué? 

[D:] -Me alegra cuanto me dice. ¿Quiere usted ser mi amiga?
[G:] -No; yo no quiero tener amigas. 
[D:] -¿Por qué ese aislamiento? ¿Quiere usted amortajarse en vida? jEs tan dulce la amistad! 
[G:] -Profésela usted, si quiere. Hoy por hoy, yo me basto sin ella. .. [...] Yo puedo tratarla a usted cuantas veces la vea. Me siento un poco comprendida por usted; pero si fuéramos amigas, quizá se echara todo a perder. Usted sabe que yo sé quién es usted. 
[D:] -¿Y me censura?
[G:] -No. 
[D:] -¿Me compadece? 
[G:] -Tampoco. 
[D:] -Soy así de un modo inevitable. 
[G:] -Sea usted como usted quiera, y por lo que quiera. Lo único que a mi me interesa de usted es su corazón. (26) 

La siguiente vez que se encuentran solas, Delia es la que establece lo términos de la conversación. Su manera directa y cándida asusta y confunde a Gertrudis quien se siente demasiado vulnerabIe ante la pasión de su interlocutor. La explícita declaración de amor que Delia le hace a Gertrudis no viene acompañada por ninguna explicación o comentario del narrador. Simplemente aparece como un eslabón más en la cadena de acontecimientos. 

Delia le tomó una mano, que calentó entre las suyas, y con voz queda: 
- ... la quiero, Gertrudis, hasta el sacrificio. No lo olvide usted; recuérdelo siempre [. ..] 
- No la entiendo, o quizá es que no puedo entenderla en este momento. 
- Yo nunca he amado a una mujer como a usted, hasta la renuncia, hasta la pureza de los sentidos, con estar los sentidos tan pendientes de ella... 
- Delia, calle usted. i Calle usted, por favor! Me trastornan sus palabras porque no puedo razonar. Ha hecho usted mal en elegir este momento para decírmelas; estoy indefensa. Pero, de todos modos, creo [que] no ha debido hacerlo nunca. i Qué lástima! Pierdo su casi amistad. Porque, usted sabe, yo no soy mujer que soporta estas situaciones. Le ruego me deje usted en la próxima esquina. (27) 

A pesar de su profunda afinidad con Delia, Gertrudis no es capaz de considerar la posibilidad de encontrar su ideal de una relación verdaderamente igualitaria con alguien del mismo sexo que ella. Gertrudis no logra ver más allá de los parámetros de lo socialmente aceptable (28) pero, no obstante, Rodríguez Acosta parece estar determinada a estirar esos parámetros. La presentación que hace Rodríguez Acosta de la relación entre Delia y Gertrudis abre un espacio para la posibilidad de realización erótica desprovista de la duplicidad y la manipulación sexista que se da en otros capítulos de esta novela dentro del contexto de la relación romántica heterosexual. 
Uno de los momentos más transgresivos del texto toma lugar durante una íntima reunión de intelectuales en la cual todo el mundo está bebiendo. Las descripciones detalladas de los movimientos de los dos personajes revela un intercambio profundamente erótico y señala un nivel de contacto entre las dos mujeres que jamás podría presentarse explícitamente en un texto como éste. La dinámica erótica entre las dos mujeres se centra alrededor de su contacto ocular. Como señala la crítica literaria argentina Beatriz Sarlo: "[. ..] hay cosas que sólo pueden hacerse a través de los ojos, que todavía no son lícitas de hacer con las manos (y que quizá no lo serán nunca)". La mirada, explica Sarlo, "sigue un guión erótico, que escrito para las manos sería demasiado atrevido." (29) 

[Gertrudis] se sentó, justamente frente a Delia. Los demás jugaban y gritaban en absoluta independencia. Gertrudis se sentía excitada, intranquila hasta el último repliegue de su carne y de su alma. .. Sintió clavada en ella como ponzoñoso aguijón la mirada buida de Delia. Inmóvil, se puso a mirarla ella también. ..La mirada de Gertrudis, hipnotizada, bajó hasta los labios de Delia, que se estremecía voluptuosamente. ..Se agitó pecaminosamente en la larga, interminable, dulce mirada de la otra mujer. Delia sonríe triunfalmente. Esa sonrisa húmeda y palpitante, despertó a Gertrudis. La bebida se le subía a la cabeza. (30) 

Levantándose de la silla de pronto, Gertrudis corre a donde los demás están jugando a las barajas, y, "sintiendo la atracción del vicio con íntimos temblores en el alma ", (31) comienza a apostar con desenfreno. Se abandona completamente al juego "con un ansia cada vez más grande de faltar, de ser mala, de llegar al fondo de todas las cosas". (32) El aire se hace espeso con vapor y, perdiendo la conciencia, se imagina que es "poseída " por todos los invitados. "Toda quemada de deseos, ardió espontáneamente". (33) Pasan por su mente escenas de sus primeras experiencias sexuales y de pronto, en un estado onírico, una figura nebulosa se la lleva y "Sus deseos fueron calmados físicamente, sin que ella supiera cómo ni por quién". (34) Luego trata de dilucidar quién fue: "¿Sería Damián?", se pregunta, "¿Félix? ¿Antonio? ¿Delia?". (35) El hecho de que se le incluye el nombre de Delia en la lista de sus amantes posibles es un reconocimiento directo del potencial de la sexualidad lesbiana, lo cual corrobora las referencias homoeróticas disimuladas en los pasajes anteriores. Por cierto, los otros tres nombres de la lista son de personas que ni siquiera estaban presentes en la fiesta. 
Esta escena es la última en la que aparece Delia en la novela. Las implicaciones eróticas eran tan obvias para el lector sensible y su lógico desenlace tan subversivo, que resultaba demasiado transgresivo seguir el hilo de la relación entre las dos mujeres hasta sus últimas consecuencias. Queda, por lo tanto, como interrogante sin respuesta explícita y, así, como posibilidad abierta. En los pocos capítulos que restan de la novela, sólo se vuelve a mencionar a Delia cuando unas mujeres que trabajan en la oficina con Gertrudis, al querer difamarla, comentan la posibilidad de que las dos mujeres sean amantes. 
Al perder la fe en la posibilidad de encontrar la realización personal a través de la relación romántica, Gertrudis ajusta el enfoque de su visión utópica orientándola hacia la formación de una nueva generación con una ética sexual avanzada y con una concepción más flexible del papel de la mujer en la sociedad. Decide tener un hijo y hace un trato con su ex fiancé para que él la ayude a lograrlo. No media ninguna ilusión de romance entre ella y el futuro padre de su hijo. Rodríguez Acosta presenta esta decisión por parte de Gertrudis sin comentarios, como algo completamente factible. (36) A la vez, sin embargo, se empeña en demostrar las diferencias entre las perspectivas tomadas por los dos potenciales padres ante la situación y cómo éstas corresponden a sus respectivos géneros sexuales. Gertrudis comprende que a Antonio sólo le interesa el proyecto porque le permitirá al fin hacer el sexo con ella: "La aventura tenía para él un sabor picante, con rescoldo de viejos e insatisfechos apetitos". (37) Ella también se da cuenta de que él probablemente lo vea como una manera de vengarse de ella por no haberse casado con él. Por otro lado, para Gertrudis, lo de tener un hijo es un intento desesperado de darle sentido a su vida a través de la influencia que esto le permitiría tener sobre las generaciones futuras. Citando a Oscar Wilde, plantea: "Si la vida es un problema para mí, yo también soy un problema para la vida." (38) 
La selección de Antonio como padre para su hijo es significativa. Éste es el mismo hombre que le entró a golpes en plena calle cuando ella rompió su noviazgo con él, obligándola a reconocer las limitaciones físicas objetivas determinadas por su género que le dificultaban defenderse. Es casi como si, al recurrir a la maternidad como su última oportunidad para la autorrealización, Gertrudis se resignara a aceptar un papel que le había sido biológicamente asignado por ser mujer y asumiera una actitud diametralmente opuesta a las estrategias genéricas transgresivas que había propugnado con tanto entusiasmo al principio de la novela. Pero no vayan a pensar que Rodríguez Acosta esté planteando que ése sea el camino a seguir. Al contrario: como resultado del embarazo, Gertrudis pierde su empleo. Además, el niño se muere a los pocos días de nacido, dejando a Gertrudis sola, desempleada y emocionalmente destruida. 
Al principio de La vida manda, Gertrudis es descrita como una joven con un fuerte sentido de confianza en sí misma que se considera como una ciudadana y activa participante en la esfera pública. Al final de la novela, sin embargo, ha perdido completamente este sentido de seguridad, de sí como sujeto. Como afirma el narrador, ha olvidado que tiene voz, o sea, la habilidad de expresarse, de articular e interpretar su propia realidad: 

Hacía cuatro días que no hablaba. Había olvidado su propia voz. Su espíritu estaba en la misma posición, como su pensamiento. De espaldas a la vida. (39) 

Cuando se termina la novela el ideal de la protagonista de independencia económica y de liberación sexual ha resultado ser una utopía autoengañadora, sus esperanzas para la realización artística o intelectual han sido ahogadas, sus más queridos parientes han muerto y su único aliado masculino ha tomado un puesto diplomático en el extranjero, su aspiración a la realización a través de la maternidad soltera ha sido frustrada con la muerte de su niño, e incluso ha sido despedida de su puesto clerical con el gobierno federal. Y si eso fuera poco, para colmo, tampoco triunfa en su gesto de rebelión última -la toma de su propia vida-. Cegada en un abortado intento de suicidio, pierde su visión (i.e. su impulso utópico), y parece haberse quedado completamente loca. 

Había abierto ya sus ojos y no veía aún. ¿Qué sucedía? Los cerró y tornó a abrirlos. iNada! Toda su alma se quedó de pronto en silencio. Un pavoroso silencio de muerte. Una luz invisible, interior inmanente, empapó su pensamiento todo. Comprendió: iCiega! (40) 

Así se termina la novela, con esta imagen curiosamente ambigua de contraste entre la vida y la muerte, de apertura y cierre, luz y silencio, cognición y carencia de acción, iluminación y ceguera. 
Uno podría postular que al principio Gertrudis creía que como trabajadora asalariada, mujer cubana blanca, heterosexual y sexualmente "liberada" se le permitiría participar activamente en su sociedad al Iado de sus compatriotas masculinos. En el final de la novela, sin embargo, ha quedado claro que esta visión del personaje sobre su inclusión en la vida cívica y sobre la libertad respecto de las limitaciones patriarcales no resulta viable dentro del marco de las relaciones sociales existentes. El privilegio masculino permanece intacto tanto en la fuerza laboral como en las "uniones libres" heterosexuales, y las mujeres siguen bajo la opresión de las vidas truncas de sumisión y silencio. 
Sería un error asumir que Rodríguez Acosta escribe en contra del feminismo al ilustrar los peligros del estilo de vida de la mujer independiente. No se da en la novela una exageración de los males del "amor libre" o de la vida de la mujer fuera de la esfera doméstica. La protagonista no se vuelve prostituta ni monja ni tampoco añora una segunda posibilidad para vivir la trayectoria del matrimonio heterosexual tradicional. De hecho, el intento de suicidio de Gertrudis pone en paralelo las estrategias empleadas por mujeres latinoamericanas de las décadas del '20 y del '30 tales como la poeta Alfonsina Storni quien, bajo similares condiciones de frustración trágica provocada por las limitaciones y las convenciones sociales rígidas asignadas a su género, se suicidió. 
Por otro lado, el papel del subtexto lesbiano en esta novela -aunque disimulado- es utópico, no trágico. Delia es presentada como una mujer verdaderamente autónoma y exitosa y representa una opción para la autorrealización que Gertrudis no puede aceptar. Gertrudis está ciega a una alternativa que Delia puede ver muy claramente. La poeta lesbiana norteamericana Adrienne Rich ofrece una visión perspicaz sobre el impacto de tales formas de negación sobre la autorrealización: 

Esta mentira mantiene atrapadas psicológicamente a un sinnúmero de mujeres, que luchan por adaptar la mente, el espíritu y la sexualidad a un guión prescrito porque no pueden ver más allá de los parámetros de lo aceptable. [. ..] La lesbiana que se encuentra atrapada en el "closet" y la mujer presa por las ideas prescritas acerca de lo "normal" comparten el dolor de las opciones limitadas, las conexiones rotas, y el acceso perdido a la auto-definición libre y poderosamente asumida. (41) 

Aunque Rodríguez Acosta no condena la homosexualidad explícitamente, en la novela hay una destacada ausencia de cualquier modelo de sexualidad femenina o de femineidad que excluiría una identidad lesbiana, la cual es bastante significativo dada la homofobia rampante del movimiento feminista en Cuba y la invisibilidad social generalizada de la lesbiana en la sociedad latinoamericana de la época. Su presentación de Delia, la poeta lesbiana, contradice los términos del discurso de Marañón acerca del lesbianismo como aberración enraizada en factores biológicos y también contradice la perspectiva de Sabas Alomá del lesbianismo como una enfermedad social y un vicio inducido por madres ineptas bajo el capitalismo. Al presentar en su novela un personaje lesbiana positivo, Rodríguez Acosta interviene en el debate sobre la homosexualidad femenina y sugiere que las feministas deberían abrir sus ojos a la realidad del lesbianismo y considerar la posibilidad de que ésta sea una identidad liberadora para algunas mujeres.


Sexo y sexualidad en América Latina
Daniel Balderston y Donna J. Guy 

notas

1. Fundadora del Grupo Minorista, Sabas Alomá participó activamente en muchas otras organizaciones culturales progresistas de la época. Fundó la revista Astral en 1922 y fue colaboradora activa de varias revistas de las décadas del '20 y del '30 como Carteles, Bohemia y Avance. En 1923 asistió al Primer Congreso Nacional de Mujeres de Cuba, y en los años subsiguientes, asistió a muchos eventos similares tanto en Cuba como en el extranjero. En 1930 publicó su colección Feminismo, cuestiones sociales-crítica literaria (La Habana, Editorial Hermes, 1930), la cual presentaba en forma de libro sus artículos periodísticos sobre asuntos referentes a la mujer. Su poesía fue antologada por Juan Ramón Jiménez y Camila Henríquez Ureña en su volumen La poesía en Cuba en 1936 (La Habana, Institución Hispanocubana de Cultura, 1937). Para más información sobre Sabas Alomá, véase el estudio de K. Lynn Stoner: From the House to the Streets: The Cuban Women 's Movement for Legal Reform 1898- 1940, Durham, Duke Universlty Press, 1991, págs. 89-97. 

2. Véase Mariblanca Sabas Alomá: "Pepillitos y garzonas", "Feminismo contra garzonismo" y "Génesis económica del garzonismo", abril de 1928, incluidos en Feminismo, ob. cit., págs. 95-113. 

3. Este término se popularizó en Cuba con la amplia circulación en la década del '20 de la versión en español de la novela de Victor Margeuritte: La Garconne, París, Flammarion, 1922, la cual tuvo un gran impacto sobre los debates alrededor del concepto del amor libre. La protagonista de la novela es una mujer joven cuyas aventuras sexuales incluyeron contactos íntimos con otras mujeres. La Garconne también fue publicada en inglés por lo menos cinco veces a partir de 1923 (Londres, A.M. Philpot), y en ruso en 1926 (Riga, Knigo O.D. Strok).

4. Sabas Alomá: Feminismo, ob. cit., pág. 98. 

5. Ibíd., pág. 104. 

6. Gregorio Marañón: Estudios de fisiopatología sexual, Colección Marañón, vol. 20, Barcelona, Manuel Marín Editor, 1931. 

7. Claramente, las implicaciones personales para Sabas Alomá fueron profundas e incómodas. 

8. Sabas Alomá: Feminismo, ob. cit., pág. 109. 

9. Ibíd., pág. 97. 

10. Ibíd, pág. 47. 

11. Ibíd., pág. 97. 

12. Ibíd., págs. 99-100. 

13. Ibíd., págs. 101-2. 

14. Ibíd., págs. 106-8.

15. Ofelia Rodríguez Acosta: La vida manda, Madrid, Biblioteca Rubén Darío, 1929. Apareció una segunda edición en 1930. 

16. Para más información sobre Ofelia Rodriguez Acosta, véase Stoner: From the House to the Streets, págs. 97-102. Véase también el estudio pionero de Susana Montero, La narrativa femenina cubana 1923-1958, La Habana, Editorial Academia, 1989. 

17. Sabas Alomá: Feminismo, ob. cit.; pag. 235. 

18. Ibíd., pág. 231.

19. Ibíd., pág. 235.

20. Ibíd.

21. Rodríguez Acosta: La vida manda, ob. cit., pág. 151.

22. Ibíd., pág. 143. 

23. Ibíd., págs. 80-81.

24. Ibíd., pág. 35.

25. En su estudio de la noevla serial argentina para mujeres de la década del ´20, El imperio de los entimientos (Buenos Aires, Catálogos, 1985), la crítica argentina Betariz Sarlo -obviamente familiarizada con el discurso lacaniano- habla de la función erótica de la mirada en las convenciones literarias de la narrativa popular:
Si lo que el otro quiere decir está prohibido solo la mirada puede (...) disolver, con sus mensajes ambiguos, las prohibiciones éticas y sociales. En este sentido, es más difícil de decodificar, pero más poderoisa que la lengua, porque no (hay una) teoría de la mirada: los ojos dicen más que las palabras y (...) son (...) mensajeros que comunican lo que las convenciones sociales no esperan o reprimen en la lengua oral (pág. 128).

26. Rodríguez Acosta: La vida manda, ob. cit., págs. 103-4 

27. Ibíd., 146. 

28. Parafraseado del ensayo de Adrienne Rich: "Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence", en Henry Abelove, Michele Aina Barale y David M. Halpern (comps.): The Lesbian and Gay Studies Reader, Nueva York, Routledge, 1993, págs. 227-54. 

29. Sarlo: El imperio de los sentimientos, ob. cit., pág.127. 

30. Rodríguez Acosta: La vida manda, ob. cit., págs. 92-94. 

31. Ibíd., pág. 194. 

32. Ibíd. 

33. Ibíd., pág. 195 

34. Ibíd. 

35. Ibíd.

36. Rodríguez Acosta promovía activamente la campaña a favor de la igualdad de derechos para los hijos nacidos fuera del matrimonio. Un ejemplo de la posición radical tomada por las defensoras de esta campaña puede verse en los artículos de Sabas Alomá sobre el tema: 
La moral del futuro valorizará definitivamente el derecho de maternidad: toda mujer podrá o no tener un hijo o varios hijos, según le convenga, según lo desee, dentro del matrimonio o fuera del matrimonio, sin que en sus determinaciones a este respecto intervenga otro factor que no sea su propia determinación. ("Contra el torno, otra vez", Feminismo, ob. cit., pág. 123.) 

37. Rodríguez Acosta: La vida manda, ob. cit., pág. 235.

38. Ibíd., pág. 236.

39. Ibíd., pág. 250 

40. Ibíd., pág. 252.

41. Rich: "Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence", ob. cit., pág. 244.
Sexo y sexualidades en América Latina. Compiladores: Daniel Balderston y Donna J. Guy. Ed. Paidós 

Nina Menéndez es profesora de Español en California y se especializa en la escritura de las mujeres cubanas a principios del siglo XX. 

El presente texto fue tomado de la compilación Sexo y sexualidad en América latina, reunida por Daniel Balderston y Donna J. Guy, publicada hace unos años en español por Paidós.