Investidura y parodia en la "Babel de la diversidad ": elaboraciones de la voz lésbica en
Cristina Peri Rossi.[i][1]
Por Claudia Pérez[ii][2]
Le escribí muchos poemas
En realidad hasta sufrí un poco por ella.
El otro día la vi almorzando en un bar
Y el hombre que la acompañaba
Le lanzaba bolas de pan a la cara.
Cualquier día publico los poemas.[iii][3]
Esta mirada sobre un corpus acotado temáticamente de la obra narrativa y lírica de Cristina Peri Rossipretende abordar los procedimientos de la voz, la voz narrante, lírica,implícita, la voz del personaje cuando asume el rol de género masculino.
Cuando procede por investidura masculina, ¿remite a una idea de apropiación de un lugar en el logos o deparodia falicista? ¿Voz investida, voz parodial, voz deconstructora o simplementevoz deseante? Nos conecta con un plano simbólico identificado con una determinada noción de lesbianismo. ¿Autora, personaje masculino, objeto de deseo femenino, a veces tema lesbiano, corresponden a una matriz lésbica? ¿Existe una única voz lésbica? O es una constelación de apropiaciones del plano simbólico, de prácticas en el plano sexual, variasvoces concertadas que se articulan desde espacios diferentes, creando una illusio de identidad unitaria,una ironía sobre ella, un desplazamiento de niveles de apropiación internalizada de valores. Desde dónde surge: “la voz que medicta (...) Pero, ¿qué es esa voz? Soy yo? Es una parte de mí que a veces habla.” (Peri Rossi, Deslindes, 1993:71-76).
¿Quién habla desde el género en este poema de Evohé utilizado como epígrafe? El yo lírico está atravesado por el plano simbólico epocal,por la corriente de chora a la que alude Kristeva para sugerir ese imaginario arcaico y deconstructor ligado a lo semiótico que irrumpe en el logos del lenguaje. ¿Es otro hombre desde la normalización universalizadora? ¿Es una mujer que habla desde la desilusión por el cambio de objeto sexual que hizo la amada?¿Qué significa “el hombre” para una receptora heterosexual u homosexual,aún admitiendo como hipótesis la existencia de estas dos categorías? La ilusión de neutralidad encubre un oyente masculino universalizado, la recepción femeninasería una recepción–otra, y ¿la nuestra recepción lesbiana?Eldesprendimiento finalal ver a su amada en el acto de la receptora vulgaridad, aquí colocadoen la imagen de lo masculino que “le lanzaba bolas de pan a la cara” invoca un “no valía la pena”que tiñenuestro efecto de lectura.¿Puede hablarse de la inclusión-inserción del asunto lesbianismo en lo femenino como subespecie o como terceridad, dado que el objeto de deseo es femenino?[iv][4]. Un sistema de vivencias se adhiere al receptor en el acto de decodificar un mensaje y la voz nos habla al oído desde ese cruce simbólico.[v][5]
Un paso siguiente al considerar este abordaje del yo narrante o lírico y personaje masculino es pensarlo desde el espacio del yofragmentado. La negativa de Peri Rossi a considerar un yo unitario se ha manifestado en su narrativa y reportajes y sin embargo cabría preguntarse si no estamos frente a trampas del closet, funcionando igualmente en forma enmascarada:“Mi mirada(mi múltiple mirada: te miro desde el pasado remoto del mar y la piedra, del hombre y la mujer neolíticos(...)te miro desde otros que no son enteramente yo y sin embargo;(...)te miro desde mi avergonzado macho cabrío y desde mi parte de mujer enamorada de otra mujer”[vi][6]. Así se posiciona el narrador-personaje al comienzo de Solitario de Amor, antes de adoptar decididamente la voz masculina. Los pares “macho cabrío” / “mujer enamorada de otra mujer” no se constituyen en opuestos, sí excluyen la posición pasiva femenina. ¿Nos hallamos igualmente ante una ponderación del principio masculino y sus asociaciones simbólicas de poder,sexualidad, razón, control?
Un intento de esclarecimiento podría constituirlo acercar este tema a algunos puntos del pensamiento de Judith Butler, concretamente el desplazamiento del falo lesbiano, falo entendido como significante privilegiado, la desestabilización de la identidad y el procedimiento paródico,y también al estudio de Biddy Martín[vii][7] sobre las etapas de la construcción de la identidad lesbiana.
Asimismo habría que considerar, dentro de las estrategias de acceso al poder falogocéntrico, que la apropiación del lenguaje del logos constituye una investidura de autoridad.
Amy Kaminsky[viii][8] se ha referido a la posición ambigua de la relación literaria y personal de Peri Rossicon el lesbianismo, la negativa a establecer una política estable, tal como señala Parizad Tamara Dejbord. Dice al respecto la propia Peri Rossi: “Utilizo el femenino o masculino según el efecto que me interese despertar en el lector, para provocarlo. Me interesa a veces neutralizar mi yo (...)Querer ser hombre, o querer ser mujer, o querer ser homosexual, siempre es neurótico y lo es porque crea una tensión entre la multiplicidad del ser y las exigencias sociales: no hay nada más ridículo que un hombre que se cree muy hombre, esto es siempre una simplificación, una reducción.(...)A mí me interesa mantener una distancia que me permita un juego más rico”[ix][9]
Hablábamos anteriormente de la remisión a un sujeto fragmentado, de un yo que al mirarse se objetualiza y construye centralizando una identidad que no obstante es un acto de la voluntad más que de autopercepción, un yo negociado permanentemente desde el ideal de integridad y control. Si la identidad sexual se desestabiliza desde sus fronteras y deja de considerarse esencia para transformarse en actividad, sexualidad, decir “ser lesbiana” entonces debe considerarse como una construcción política que estabiliza, una acción de apropiamiento de espacio público. Cuestionadas por Judith Butler las categorías de sexo/género/deseo,[x][10] estableciendo la noción ante todo discursiva y no referente de los objetos del mundo, relativizada la noción de sexo biológico,¿ qué implica hablar de identidad múltiple?
Equis en La nave de los locos observa a Lucía vestida de hombre: “se sintió subyugado por la ambigüedad. Descubría y se desarrollaban para él, en todo su esplendor, dos mundos simultáneos, dos llamadas distintas, dos mensajes, dos indumentarias, dos percepciones, dos discursos,, pero indisolublemente ligados, de modo que el predominio de uno hubiera provocado la extinción del otro (...) La revelación era casi insoportable”.[xi][11]
¿Existen dos, se coloca al lesbianismo entre las categorías de la matriz heterosexual? Lo diverso no es lo opuesto exactamente, es lo que se abre en todas direcciones, divertere es desbaratar, dar paso a lo variado.
Una primera posibilidad es la presentación del amor lesbiano a partir dela igualdad de los cuerpos, de las bodas de lo semejante.El cuerpo es una extensión de difusión del placer donde no habría zonas privilegiadas, ordenamiento jerárquico genitalizado. Tal podría ser este caso en “La semana más maravillosa de nuestras vidas”, de Desastres Íntimos:
“Habíamos alquilado la suite la noche anterior, creo, porque luego de haber hecho el amor de pie, en la cama, de espaldas, sobre la alfombra, contra la nevera, ella arriba, yo abajo, ella abajo, yo arriba, desnudas o con las prendas de lencería erótica que habíamos comprado en un sex-shop de la calle 45, mi sentido del tiempo era tan débil y escaso como mi energía.”[xii][12]
Podría considerarse aquí lo que Monique Wittig llamará el “tercer género”, la lesbiana como trascendencia a la restricción binaria realizada en su propio cuerpo. Distinguirá entre “lesbiana” y “mujer”.El uso preposicional: “de”, “en”, “de”, “contra”, desestabiliza la alternancia binaria arriba/abajo, la pureza lésbica femenina como mito es transgredida inmediatamente con los artículos de lencería del sex-shop. La proliferación orgásmica se ordena en la categoría de matriz lesbiana. No obstante, la apropiación del rol competitivo fálico parece asomar en la reacción:
“-Tengo que llamar por teléfono a mi marido. (...) -No me dijiste que estabas casada –observé con voz ronca.”[xiii][13]
Recetario lesbiano de autoprotección,diferencia de vivencia frente al objeto de deseo de esas dos especies mujer y lesbiana; la palabra “marido” es llamador del mundo heterosexual y quiebra la illusio de la paridad:“Tengo dos principios en la vida. (...) el segundo, dice:’Las mujeres casadas tienen dueño. Son propiedad privada. Aléjate de ellas, si no quieres problemas’ (...) Somos especies diferentes. Como los hombres y las mujeres –expliqué-.”[xiv][14]La endogamia y la guettización crean intersecciones con otros grupos considerados marginales que así se protegen de la mirada coercitivahegemónica y de sus loci de reducciones.
Siguiendo a Butler en su deconstrucción de las categorías cuerpo-biológico, géneroy la centralización del tema no en los cuerpos biológicos sino en la sexualidad “se demostrará que el sexo siempre ha sido el género”. Para esta pensadora la identidad es una secuela de prácticas significadorasque existen en el discurso y la representación.Pero existe por lo menos una “estabilización semántica provisional”. “Para Butler toda representación de género y su relación con el sexo es imitación de ideales fantaseados, nunca copias originales ni de simples fundamentos biológicos”[xv][15] Vale decir que la reproducción de ideales fantaseados de masculinidad y feminidad constituyen la base de la matriz heterosexual a través de prácticas sociales repetitivas que crean la illusio de naturalidad.Y sería ir más allá preguntarse si sexo es realmente una categoría válida desde lo genitalmente construido, desde donde se ha construido (y quién la ha construido), cuando losmitos sobre las prácticas lesbianas toman en cuenta sensualidad vs. sexualidad, tacto múltiple no centrado exclusivamente en lo penetrativo sino además, describen y expanden ese “sexo que no es uno”: “Y colocas con precisión mi boca en la pequeña cuna, cápsula donde guardas tu clítoris celosamente(...)Rozo apenas con la lengua al recién nacido que yace en su cuna,. Lo embisto dulcemente.(...) Lo mezo de derecha a izquierda, de izquierda a derecha.(...)Lo lamo y se moja. En el extremo del clítoris, como un higo, hay una gota fija, transparente, esfera de miel que intento atrapar con los labios(...)Ahora tu sexo es una fuente de aguas termales. (...) [xvi][16]
Pero existen otras posibilidades de lectura. Los modelos lesbianos han mutado con las épocas, desde el discurso decimonónico del alma de hombre encerrada en el cuerpo de mujerhasta la androginia y parodia posmoderna: visibilidad e invisibilidad, “presentación de sí”, salida del closet, modelos positivos, acceso mediático.El tropo de la inversión de género hacía preservar “una heterosexualidad esencial en el interior del deseo mismo”, el deseo va de lo masculino a lo femenino y vice-versa sea cual sea el sexo biológico. La posición opuesta sería el deseo por el igual. El perfilde la lesbianavarió primeramente hacia laesencialización y reivindicación de lo femenino, de la “mujer enamorada de otra mujer”. Pero al cuestionarse las categorías de género, éstas proliferan[xvii][17]:sexo anatómico, identidad de género, representación de género, elección de objeto sexual.
Otras visiones más contemporáneas han enfatizado en mayores aperturas. Cabe mencionar en este aspecto la labor de Susie Bright, editora de la revista lesbiana On our backs, desestabilizadora de la idea de una sola categoría lésbica. Puede hablarse de una categoría por oposición a la heterosexualidad como matriz dominante, como estrategia política de creación de espacios, pero existe un solo modelo de lesbiana, o dos,siguiendo la división binaria masculino femenino, o más aún? O el falo, tal como indica Judith Butler en su diálogo con Lacan en Cuerpos que importan se ha desplazado metonímicamente para dar lugar a entrecruzamientos de componentes que quizás no puedan adscribirse a lo masculino/femenino? El intento de perfilar una identidad lésbica, “ la investidura de la estabilidad, coherencia interna y unicidad “[xviii][18] debilitaría la percepción de las complejidades y el desarrollo de untejido menos condicionado y más complejo. Para dar coherencia y estabilidad lesbiana se sacrifica al control la fantasía: “Sólo los tontos o los excesivamente racionales (...)se preguntarían por qué una mujer hermosa (...)elige a una mujer disfrazada de hombre para hacer el amor(...) ese hombre falso(...)nunca será un verdadero hombre, la seduce a partir de lo imaginario. Le da lo que no tiene, lo que no es.[xix][19](...)La ficción de ser otro, de elegir el sexo como se eligeel color del vestido.”[xx][20]
En ese sentido la consideración interna hacia el sadismo lesbiano, la penetración artificial y no manual, la adopción de prácticas abiertas no diferían mucho de la mirada homofóbica. “La comunidad lésbica ha ensanchado sus confines y sus definiciones espectacularmente. ¿Recuerdan cómo era antes? No eras lesbiana “de verdad”si utilizabas consoladores, si te acostabas con muchas personas, si llevabas zapatos de tacón ymaquillaje, si tenías prácticas sadomasoquistas(...)Junto con lo mucho más que ahora nos aceptamos nosotras mismas (y lo poquito más que nos acepta la sociedad heterosexual), se ha dado una mayor flexibilidad, un gusto por la diversidad que hace quince años no existía”[xxi][21]. La vuelta a los roles de lesbiana masculina o femenina ya no significa una aceptación del binarismo sino que puede interpretarse como un procedimiento de parodización de algo que está presente en la imagen ideal más que en los cuerpos. Puede leerse en esta claveel texto de Peri Rossi en Solitario de amor:“Grito y me hundo en tu cavidad, mientras tu pierna se sacude como tocada por la electricidad. He entrado apenas lo suficiente como para sentir la humedad de las paredes de tu sexo. –Ábrete –grito, y entonces, del fondo de tu útero se escapa un ruido sordo, el de las paredes abriéndose, despegándose, haciendo el vacío.(...)Anhelo lamer tu endometrio. Anhelo tu sangre menstrual, brillante y roja. Dentro de ti resbalo como por una pista encerada. El extremo de mi miembro toca la cabeza de tu útero. “[xxii][22]
La parodia[xxiii][23] remite a una obra seria, otro es el discurso que se parodia. Ironía e hipérbole, desacralización, son conceptos que Bajtín conjuga, escarnecimiento de los valores jerárquicos, derrocamiento de lo serio. [xxiv][24], La parodia desestabiliza.
Para Butler, “ese desplazamiento perpetuo constituye una fluidez de identidades que sugiere una apertura a la resignificación y la recontextualización; la proliferación paródica impide a la cultura hegemónica y a su crítica afirmar la existencia de identidades de género esencialistas o naturalizadas.[xxv][25] .”Hay una risa subversiva” en el efecto paródico. El travestismo, o la investidura en un grado menor, representan no la parodiade un original sino una “parodiade la noción misma de un original”[xxvi][26] La noción de mujer masculina u hombre femenino parodian y resignifican esas nociones e ideales fantaseados. Butler llama “yuxtaposición disonante” a este juego. La disociación de la penetración de la falicidad lleva a Susie Bright a decir que “la penetración es tan heterosexual como besar”. [xxvii][27] La idea es “fracturar la categoría lesbiana al reinscribir el lesbianismo en términos de prácticas sexuales concretas que trascienden las diferentes categorías”[xxviii][28] La imagen de pureza lésbicamuta hacianuevas representaciones reformuladas de la ruda y la femenina. “El deseo de la ruda se organiza en torno al placer de la femenina, nutriéndose de las categorías heterosexuales y transformándolas. Los intercambios entre la ruda y la femenina “desestabilizan la relación entre ‘cierto cuerpo femenino descontextuado y una identidad masculina sobrepuesta aunque diferenciada. El desplazamiento, el momento en que la supuestamente femenina muestra su “agresiva necesidad”, intercambia su rol con la otra, mostrando “la fluidez de las diferentes posiciones eróticas”:“Y ansiosa de que me penetre la mano de esa mujer” (Joan Nestle,A different Place) [xxix][29]“Estos pasajescuestionan toda intención de establecer continuidad recíproca entre el sexo, la identidad de género, el deseo, la práctica sexual y el papel sexual”:[xxx][30]
“Marlene (de frac y galera, con larga boquilla oscura)...Y Lucía imitaba a Marlene y alguien (un hombre disfrazado de mujer, o una mujer, un travesti, uno que había cambiado sus señas de identidad para asumir la de sus fantasías, alguien que sehabía decidido a ser quien quería ser(...)era Dolores del Río.(...)¿ Quién pensó que era Marlene quién iba a montarte?(...) Marlene se da vuelta, queda de espaldas, Dolores introduce su mano entre las piernas.”[xxxi][31]
En Fantasías Eróticas, la narradora, al relatar al comienzo una nochebuena en un bar de lesbianas de Barcelona, ve entrar una pareja aparentemente heterosexual:
“Evidentemente, habían trabajado mucho sus papeles, para conseguir una pareja tan contrastada(...)El único reproche era lo obsesivo: estaban algo sobreactuadas, demasiado perfectas para ser ciertas: la boca roja de ella y los labios pálidos de él, el negro del traje y de la falda, la blusa y la camisa blancas”[xxxii][32]
La investidura remite al investir con una dignidad o cargo desde el ropaje externo, habitar esa vestidura o conservar la máscara parodiada. En “Condición de mujer”, de Otra vez Erosel yo lírico dice: “Se preguntaron/ quién osaba interrumpirlos(...)Si era hombre o mujer(...)Vengo de un pasado ignoto-dije-/de un futuro lejano todavía./(..)Iba a ser la elocuencia/ atributo de los hombres?/Hablo la lengua de los conquistadores,/es verdad,/ aunque digo lo opuesto de lo que ellos dicen./Soyla advenediza /la perturbadora /la desordenadora de los sexos.” [xxxiii][33]Y más adelante, en “Poética”: “ escribiré entonces /como si fuera hombre,/y nadie hablará de mi sexo.”[xxxiv][34]
Aplazar es diferir. Y desplazar?[xxxv][35]Desplazar es sacar del lugar, trasladarse fuera de,hacia. Desplazar de los lugares establecidos es un acto parodial. Constituye una burla o una apropiación, un instrumento de acceso al poder del logos como lo masculino, o una desestabilización de ese logos? Sigamos a Butler nuevamente: “cuando el falo es lesbiano, es y no es una figura masculinista de poder; el significante está significativamente escindido, porque recuerda y desplaza el masculinismo que lo impulsa”[xxxvi][36] Si el ser y tener el falo se confunden, se desestabiliza la lógica de una cosa o la otra. “Si una lesbiana ‘tiene’el falo, también está claro que no lo ‘tiene’ en el sentido tradicional y su actividad promueve una crisis (...)La posición fantasmática del hecho de ‘tener’se rediseña, se hace transferible, sustituible, plástica” se desplaza desde elcontexto masculino. Butler trabaja la idea de simbolización del falo desde el desplazamiento a otras partes del cuerpo, “el falo lesbiano combina el orden de tener el falo y de ser el falo; ejerce la amenaza de castración (que en ese sentido es una manera de ‘ser’el falo, como las mujeres ‘son’) y sufre la angustia de la castración (y así se dice que ‘tiene’el falo y teme su pérdida”[xxxvii][37]. Compárese la apropiación y la deconstrucción de las significaciones del falo enCuando fumar era un placer:
“Qué haría sin mi pezón de blanco papel y filtro acolchado?”[1][38] y “...y le llevé el cigarrillo encendido a mi padre.(...) De alguna manera nos habíamos hecho iguales.(...)Yo, la hija mayor, estaba contenta, porque al fumar con el padre (y no contra él) creía haber huído a la castración; la madre y la hija- que no fumaban- compartían, en cierto sentido, la condición de castradas: no tenían cigarrillo, carecían de falo.”[2][39]
Nos parece pertinente concluir sin reducción con el siguiente texto de Babel Bárbara:
Yo te bautizo Babel entre todas las mujeres
Babel entre todas las ciudades
Babel de la diversidad
ambigua como los sexos [3][40]