Lesbianas en el cine
Por Santiago García
En el cine, como fuera de él, las lesbianas sufrieron una doble discriminación: primero por ser mujeres y, luego, por ser homosexuales. Esta nota reconstruye los hitos de un género silenciado.
1. ¿Qué lugar tuvieron las lesbianas en la historia del cine?
Las lesbianas sufrieron una doble discriminación: primero, por ser mujeres y, segundo, por ser homosexuales. Incluso los gays las segregaron dentro de la comunidad homosexual. Mientras que hubo muchos directores gays que filmaron (porque además eran hombres) y hasta lograron transmitir un discurso gay, las lesbianas no tuvieron esa oportunidad.
En los comienzos del sonoro las actrices Greta Garbo y Marlene Dietrich se transformaron en íconos para los homosexuales. Greta Garbo es un ícono casi exclusivamente lésbico; Marlene, en cambio, es más asociable al universo gay masculino. Dietrich utiliza su lesbianismo para seducir, además, a los hombres; Greta Garbo, jamás. Para las lesbianas fanáticas de Garbo, Reina Cristina (1932, dirigida por Robert Mamoulian) es una fiesta. Mientras que la película vende una historia de amor heterosexual, hay toda una línea del film que va en sentido contrario (lo mismo sucedió con la vida de Garbo). Y no es equivalente a la mencionada bisexualidad de Marlene Dietrich o de Louise Brooks (protagonista de Lulú o La caja de Pandora): Garbo en la película es lesbiana como lo fue también la reina Cristina de Suecia. Se viste de "hombre", algo inusual para esa época (la de la historia del film y la de su realización), se niega a casarse y tiene una relación con una joven, heredada directamente del clásico lésbico Chicas de uniforme de Leontine Sagan (1931). Dicha herencia y el subtexto se confirman porque la guionista de Reina Cristina, Salka Viertel, era lesbiana y admiradora declarada del film de Sagan.
2. ¿Cómo logró el cine clásico americano incorporar un subtexto prohibido para emitir un discurso lesbiano?
A partir de la Segunda Guerra Mundial, cambió la situación de las mujeres en Estados Unidos. Los hombres se fueron al frente y ellas ocuparon sus puestos. No hicieron el trabajo de los hombres, hicieron los trabajos que hasta ese momento se consideraban pertenecientes a los hombres. Sobre este período histórico es interesante ver la comedia Un equipo muy especial, de Penny Marshall (1992), un inteligente resumen de los cambios que las mujeres atravesaron durante la guerra. Cuando la contienda terminó, la sociedad americana tuvo un rebrote de conservadurismo y resurgió con fuerza la idea de que el lesbianismo era una enfermedad. Durante el período de la guerra las lesbianas habían ganado algo de terreno, lo cual resultaba amenazador para el orden establecido. El código Hays de censura permanecía intacto; y sin aliados en la industria, las lesbianas seguían sin tener un retrato justo. Algunos films aludían al tema con mayor o menor ambigüedad, pero la palabra "lesbiana" jamás se pronunciaba. Las lesbianas no solo eran invisibles sino que tampoco tenían nombre. Sin embargo, no es justo interpretar a todo el cine clásico de la misma manera. Se creyó que era homofóbico en bloque y se leyeron todos los films de la misma forma, incluyendo la película lesbiana más importante de la industria en décadas: La mentira infame (un film clásico rodado en 1961, a fines del período clásico, pero dentro de los códigos de la censura) termina con la muerte de la maestra lesbiana (Shirley MacLaine) enamorada de la maestra heterosexual (Audrey Hepburn). La película se basa en la obra de la escritora lesbiana Lillian Hellman y tuvo otra versión dirigida también por William Wyler, donde el lesbianismo ni siquiera aparecía. La muerte de la lesbiana o su transformación en heterosexual eran las opciones posibles en esa época, y se interpretó de la misma forma el suicidio de MacLaine. Pero para entonces el discurso en favor de las lesbianas y en contra del entorno que las empuja a la oscuridad y a una vida infame (que termine en suicidio y vive de la mentira o el simple ocultamiento) se había pronunciado. El final, con la mirada en alto de Audrey Hepburn, es un acto de militancia lésbica (y por extensión se trata de un acto en pro de la libertad) y de orgullo que años más tarde sirvió para una relectura del film.
3. ¿Cuáles fueron las consecuencias del fin de la censura y qué relación tuvo el lesbianismo con el feminismo y con la irrupción de las directoras mujeres en los setenta?
Cuando desapareció la censura el cine gay se volvió obvio, explícito y torpe, pero al mismo tiempo se pudieron mostrar cosas nuevas a los espectadores. Al no haber una tradición de directoras lesbianas, la apertura fue mucho menor para ellas. Lo que el fin de la censura provocó fue el crecimiento de la producción erótica que terminaría en el cine pornográfico. Para las lesbianas significó la aparición de su sexualidad a partir de la más patriarcal de las miradas masculinas. Mientras tanto, en otros géneros, la violencia contra la mujer iba en franco crecimiento. James Bond podía "convertir" a una lesbiana a la heterosexualidad, y las mujeres empezaron a ser víctimas de cuanto asesino andaba suelto. Con el surgimiento cada vez mayor de directoras mujeres, el lesbianismo adquirió una presencia más real en las películas, pero esas películas tuvieron una circulación mínima, ya que las feministas militantes accedieron a la dirección lejos de la industria. Hollywood respondió con más films "de mujeres" pero todos dirigidos por hombres. Hoy, varias de esas obras, consideradas en su momento como feministas, son un ejemplo dudoso de emancipación de la mujer (¿cómo alguien puede considerar a Martin Scorsese un director feminista, como sucedió en 1974 con Alicia ya no vive más aquí?). Entretanto, el cine seguía atacando con más fuerza a las lesbianas pero, eso sí, con escenas de sexo. En 1974, solo un año después de que en Estados Unidos eliminaron el lesbianismo como enfermedad de los manuales oficiales de medicina, El zorro gris (dirigida por Mark Rydell) tenía emparchado un segundo final en el que la lesbiana era aplastada por un árbol derribado por el hombre que competía con ella por el amor de una mujer. Lamentablemente el cine militante no logró la difusión necesaria para trascender las fronteras aunque fue fundamental para lograr futuros cambios.
5. ¿Cómo se representa el erotismo lesbiano en el cine? ¿Qué lo diferencia de la mirada heterosexual?
El cine pornográfico vendió con eficacia una visión patriarcal y violenta del lesbianismo. Allí casi no se puede hablar de lesbianismo como tal porque apunta a introducir la mirada masculina como el tercer lado de un triángulo. En general, se trata de un lesbianismo que excluye a las lesbianas y crea una imagen falsa de la homosexualidad femenina (tan falsa como la visión de la sexualidad que transmite ese tipo de cine). Pero una película de auténtico erotismo lesbiano no debería excluir a los heterosexuales, así como tampoco el erotismo heterosexual debería excluir a las lesbianas De lo contrario, cada sexo tendría su propio cine y los grupos nunca se cruzarían. No obstante, toda escena de erotismo lésbico tiene que partir desde lo lésbico y luego extenderse más allá. Un ejemplo reciente ilustra mejor lo dicho: en un film mediocre como El lado salvaje (1995), Anne Heche y Joan Chen tienen una escena de lesbianismo que, pese a estar pésimamente filmada, se diferencia del 90% de las habituales escenas de lesbianismo en el cine comercial. Y lo logra por atender a ciertos detalles de realismo sexual que no afectan a los espectadores heterosexuales pero permiten que las lesbianas se sientan identificadas con los personajes. Además, no incurre en el megacliché de "tratar el tema con buen gusto y delicadeza", metáfora conservadora utilizada para describir las escenas lésbicas de sexo sin sexo. Para dar otro ejemplo, la directora canadiense Patricia Rozema también buscó una mirada positiva del erotismo lésbico en sus películas, especialmente en Cuando cae la noche. Su mirada es muy válida y sus defectos tienen más que ver con sus valores estéticos.
6. ¿Qué relación tienen los géneros cinematográficos con el lesbianismo?
Cuando una comedia romántica está protagonizada por un hombre y una mujer es solo eso: una comedia romántica, pero si son dos mujeres se trata de un film lésbico. ¿El primero sería entonces un film heterosexual? Una buena película no puede interpretarse a partir de la idea de que le pertenece exclusivamente al grupo sexual de sus protagonistas. Las lesbianas pudieron superar esa barrera, de modo que el camino inverso sería muy saludable. Lo que las lesbianas no han logrado todavía es crear heroínas de géneros como el terror, la aventura o la ciencia ficción. No hay una Indiana Jones lesbiana ni nada equivalente o siquiera parecido. Pero sí hay dos casos interesantes. En El silencio de los inocentes no hay pistas sobre la sexualidad de la protagonista (en la novela original, sí), lo cual daría pie a que se la considere homosexual o heterosexual sin problemas. Es lo más cercano a una heroína lesbiana que ha dado la industria de Hollywood, y su protagonista, Jodie Foster -que posee la misma ambigüedad que su personaje- es un verdadero ícono lesbiano. Por otro lado, la televisión creó dos heroínas. Una es Ellen DeGeneres, cuya heroicidad excede a la telecomedia que protagonizó (llamada Ellen) y le abrió las puertas del cine tanto a ella como a su pareja, Anne Heche. Ellen fue la primera lesbiana que protagonizó un show televisivo y el proceso que llevó a la declaración de su homosexualidad, que en la serie corría casi paralela a su vida privada, fue uno de los avances más importantes de las lesbianas en la vida pública americana. La otra heroína es Xena, princesa guerrera, cuyo subtexto lésbico nada sutil y consciente originó un merecido culto lésbico de la serie, que, no engañemos a nadie, no posee muchos méritos extra. Pero si se la lee desde el punto de vista lésbico es divertidísima.
7. ¿Por qué el lesbianismo encontró un espacio tan importante en el cine de vampiros?
Curiosamente, el personaje lesbiano que más se mantuvo a lo largo de la historia del cine es el de la mujer vampiro. Como ocurre con los vampiros hombres, la sexualidad es el discurso que subyace en el relato y la razón de su éxito, en especial en las sociedades conservadores. Además, el castigo final al vampiro siempre permitió cumplir con las reglas de la censura. En 1871 -dos décadas antes de la aparición de Drácula de Bram Stoker- Joseph Sheridan Le Fanu publicó Carmilla, la historia lésbica de vampiros que fue el origen de casi todas las que le siguieron. En 1936 Hollywood produjo una película clave llamada La hija de Drácula, con Gloria Holden en el papel de una mujer que, por no otorgársele un rol activo en las relaciones heterosexuales, atacaba a otras mujeres que seguían ocupando el lugar de víctimas pasivas, lo cual connotaba, insólitamente, cierto lesbianismo. El vampirismo femenino se benefició más tarde con el fin de la censura y con los cambios sociales. A fines de los sesenta y principios de los setenta estas películas eran moneda corriente. Vale la pena mencionar The Vampire Lovers (1971), de la productora Hammer. A pesar de sustentar una idea del lesbianismo más bien voyeurista, con chicas lindas mostrándose con poca ropa y jugando al lesbianismo, la película es interesante. Ese tipo de personajes crea un precedente: el de que las lesbianas no son fáciles de diferenciar de las mujeres heterosexuales, negando así el cliché sobre el aspecto exterior de aquellas. The Vampire Lovers transmite una visión masculina de la belleza y la sexualidad; pero aun así, uno de los personajes de la película está enamorada de la protagonista y esta pasión no tiene nada que ver con el vampirismo; es simplemente una mujer enamorada de otra. No por casualidad en estos films quien se encarga de matar a la vampira suele ser un hombre, restituyendo así el orden de la "normalidad". El verdadero nuevo hito del género fue El ansia (1984), una película de estética publicitaria con Susan Sarandon y Catherine Deneuve. Una vez más, la estética del director (Tony Scott) se impone por encima de todo. El lesbianismo del film es tan discutible como su visión del cine. En la actualidad, películas como Nadja -heredera directa de La hija de Drácula- no se preocupan demasiado por el lesbianismo y lo incluyen intencionalmente.
8. ¿La exploitation puede ser una vía de escape?
Pero esa proliferación desatada de lesbianas vampiras desembocó en lo que se llama la sexploitation. El lesbianismo tuvo su espacio en esas películas y en las de todos los directores voyeurs, desde los supuestamente finos como Roger Vadim hasta los no tan finos como Russ Meyer, pasando por Tinto Brass, Zalman King y los hipercodificados films de cárceles y campos de concentración, destinados a un sadomasoquismo puramente masculino. Incluso el fotógrafo David Hamilton realizó Bilitis, un trabajo a la altura de sus fotografías (que no es mucho decir). En las películas clase B de este tipo, el cumplir con los requisitos básicos de sexo y violencia les permitió a varios realizadores dar una imagen de las lesbianas contraria a la moral de su época o de su país. El impar Armando Bó, por ejemplo, creó un personaje memorable en Fuego (1968), donde Alba Mugica representaba como lesbiana el rol de acosadora que desempeñaban los hombres en los films de Bó-Sarli. Pero sorprendentemente termina siendo reivindicada y el director comprende y justifica su pasión por Isabel Sarli. Una rareza para un país donde casi no hubo imágenes de lesbianas, ni positivas ni negativas. En la línea de la exploitation, la productora Troma creó una rareza: Chopper Chicks in Zombie Town, protagonizada por una banda de motociclistas cuya líder es una lesbiana que tiene una relación con su subalterna inmediata. Una de las pocas heroínas abiertamente lesbianas dentro del género.
7. ¿Por qué Chicas de uniforme es un clásico del cine lesbiano y que aporta a la mirada lesbiana?
Es el primer film verdaderamente lésbico y quizás el único clásico en las primeras décadas del cine. Pero es mucho más que eso: es una película contra el fascismo en general. Con la llegada de Hitler al poder, se ordenó quemar todas las copias de la película. Por suerte, años más tarde se descubrieron diversas copias que permitieron su reconstrucción. No hay duda de que una película tan lesbiana atentaba contra el poder y el orden establecido. Lo que transforma a Chicas de uniforme en un film universal es el modo con que la directora, Leontine Sagan, encara su discurso: ataca al fascismo a través del patriarcado y al patriarcado a partir de personajes femeninos y no masculinos. No hay hombres en la película; solo se los nombra o aparecen en fotos, lo cual le otorga más fuerza al discurso y lo hace más implacable. Su defensa de la libertad es también universal. Manuela llega a un internado en donde todas las chicas están "enamoradas" de una profesora. Manuela y la profesora se enamoran realmente y se arriesgan al implacable castigo de la directora, representante por excelencia del patriarcado. El final feliz provoca una gran euforia: primero porque nos encariñamos con las protagonistas, segundo porque todo el internado las adora y no las cuestiona y tercero porque la directora se va caminando lentamente por un pasillo. Parece que se rindió, pero la seguridad con que se marcha es ambigua; su amenaza cesa por un momento pero no sabemos hasta cuándo. ¡Y todo esto ocurría en 1931! Pasaron varias décadas antes de que el cine volviera a realizar un film lesbiano de importancia artística e ideológica.
8. ¿El cine prolésbico también puede ser fascista?
Hay varias directoras mujeres especializadas en cine lésbico cuya filmografía ignoramos por completo y por lo tanto no podemos defenderlas ni atacarlas. Pero hace unos años una de esas directoras irrumpió en el cine mundial y resultó ser una desagradable sorpresa; de todas maneras, sirve para demostrar que la defensa del lesbianismo en el cine no asegura que una película tenga valores rescatables. Marlen Gorris, directora holandesa conocida por ser una realizadora lésbica, se hizo famosa cuando una película suya, Memorias de Antonia, ganó el Oscar a la mejor película extranjera. Las lesbianas y las feministas (y yo, para que se sepa) interpretaron la película como una historia que defendía a las lesbianas y a las mujeres en general contra el orden patriarcal. Bueno, si así lo fuera, sería una película importante, pero hay algo más. El fascismo masculino se reemplaza por el femenino: los hombres son tratados con desprecio y todas las mujeres con afecto. El único hombre bueno es uno que usa la cabeza y no el cuerpo, y cuyo destino de filósofo lo lleva al suicidio. Por otra parte, el supuesto feminismo de la película se enfrenta con un problema. En Memorias de Antonia ninguna mujer defiende el derecho al aborto y la apología de la maternidad que hace el film es digna de un criadero de conejos. Incluso la chica que no quiere a sus hijos prefiere tenerlos y olvidarlos a no tenerlos. No puede existir un cine feminista que no reivindique el derecho al aborto. Y la lesbiana hija de la protagonista es una chica "muy especial", cliché con el que el cine americano pasa de caracterizar a un determinado grupo como malo y luego como muy bueno. El discurso lesbiano no debe caer en esos errores; la tradición que lo ha postergado y segregado no puede ser atacada con la misma moneda. Películas como estas no dicen que la segregación es mala sino que los segregados tendrían que ser otros. Y eso, amigos y amigas, está muy mal.
9. ¿Qué se consiguió con la aparición del cine independiente y qué se perdió en el camino?
El actual cine independiente americano es al lesbianismo lo que los films de fines de los sesenta eran a los gays. Su visión de la homosexualidad femenina suele ser obvia, enfática y completamente idealizada. Se trata de unas lesbianas que hablan de sexo y no lo practican, o del infaltable personaje lésbico agradable porque es homosexual (la contracara de la lesbiana "villana por ser lesbiana" de otras épocas). De todas maneras, ese cine abrió un espacio para varios films fundamentales. Christine Vachon produjo al menos dos de ellos. Uno es I Shot Andy Warhol, retrato nada idealizado de Valérie Solanas (interpretada por una inmejorable Lili Taylor), la feminista lesbiana que escribió el SCUM Manifesto y -como ya se lo imaginarán- le disparó a Andy Warhol. La otra película es ya un clásico: Go Fish, de Rose Troche, una comedia romántica donde se tratan todos y cada uno de los puntos de interés lesbiano mientras se desarrolla una irresistiblemente adorable historia de amor. El humor, el erotismo, las ideas, todo hace de Go Fish un film ideal para resumir el cine lésbico actual. No intenta explicarle al mundo qué es una lesbiana: la película transcurre enteramente dentro de la comunidad y no hace ningún tipo de aclaraciones. Entre los films con distribución comercial, es el que más respeta la inteligencia del espectador y el que más cariño manifiesta por las lesbianas.
10. ¿Cómo se relaciona hoy la industria americana con el lesbianismo?
La industria no tiene solamente problemas con el lesbianismo sino con la sexualidad en general. El lesbianismo le ocasiona conflictos a Hollywood porque la corrección política lo obliga a mostrar a los personajes lésbicos de manera positiva. Pero hablar de lesbianismo es hablar de sexo, y además de un sexo que con su sola presencia atenta contra el orden establecido. Esta situación surgió a mediados de los ochenta y alcanzó su auge en los noventa. Una excepción a esto es un film a medio camino entre la industria y el cine independiente: Media hora más contigo, dirigido por Donna Deitch, una verdadera isla dentro del panorama del cine americano. Aunque la industria presenta algunas opciones: 1) El color púrpura: el lesbianismo aparece mucho menos que en la novela (lesbiana desde el doble sentido de su título) de Alice Walker, pero se lo encara en la única escena de amor del film de Spielberg y su tratamiento ñoño es típico del estilo del director. En los círculos lésbicos se hacía el siguiente chiste: "A Spielberg no lo intimida filmar la vida de un extraterrestre pero una relación lésbica es demasiado para él". 2) Tomates verdes fritos: el lesbianismo de la novela original vuelve a desaparecer, y se hace todo lo posible para que en un momento sea evidente y en el siguiente no. En ese sentido está cuatro décadas atrasado. Pero la ñoñería más desatada alcanzó su cenit en Solo ellas, donde la muerte de la protagonista la salva de su ya casi asumido lesbianismo. 3) Sin límites: se toman los tópicos del policial negro y se pone a un personaje femenino en el lugar del hombre, se conserva la figura de la femme fatale, y no se cambia nada más. En realidad, no entienden que las mujeres no ocupan el lugar del hombre sino que ocupan un lugar distinto. 4) Personal Best o Amistades peligrosas son películas que tratan de ser prolésbicas pero terminan dando el mensaje opuesto; la mirada es positiva pero hecha a la medida de la mirada masculina. 5) Ghost: esto sí es curioso. El personaje masculino es un fantasma que quiere hacer el amor con su mujer por última vez. Para lograr su objetivo, toma posesión del cuerpo de una médium (Whoopi Goldberg), y es ella la que hace el amor con Demi Moore. Moore luce un look lésbico muy fashion y Whoopi es un ícono lésbico y además es negra, lo que le agrega a la escena un transgresor toque interracial. Claro que en la imagen del contacto físico vemos el cuerpo de Patrick Swayze, con lo cual la invisibilidad lesbiana se vuelve literal. Pese a todo, se trata de la escena lésbica más interesante, divertida y mejor contrabandeada de la industria en varios años.
11. ¿Qué barreras debería quebrar el cine lésbico para dejar de ser un cine de gueto o un subtema de la corrección política?
En los festivales de cine, donde suelen exhibirse películas de cineastas de muchos países, hay directores cuyo sexo no podemos identificar por su nombre de pila. En esos casos se pone de manifiesto la siguiente obviedad: no es la sexualidad del director su principal característica. Pero por otro lado las lesbianas no tienen un espacio en el mundo debido precisamente a su sexualidad y en consecuencia la lucha por su reivindicación no puede ignorarla. Un nuevo lugar común dice que en todas las películas actuales hay lesbianas. Un informe publicado en el último número de la revista Curve deja en claro que el porcentaje de films lésbicos sigue siendo mínimo, muy por debajo del porcentaje de lesbianas en la sociedad. El retraso descomunal que tienen países como el nuestro (no solo con las lesbianas sino con el sexo femenino en particular y la sexualidad en general) y la lentitud de los cambios tienden a crear el deseo de hacer un cine de barricada para equilibrar la balanza. Lo mejor será hacer buen cine. La militancia cotidiana es saludable -y, a mi entender, imprescindible- pero en el cine se trata de realizar buenas películas. Una buena película lésbica servirá, además, para la militancia, mejorará la historia del cine y, por extensión, un poco también nuestras vidas.