Notas sobre el cine homo, underground y experimental 
Por Jerry Tartaglia 

Hace veinte años, en las páginas de la revista Millennium Film Journal, presenté una interrogante a mis lectores: ¿existe una sensibilidad gay en los filmes de vanguardia? En el cuarto de siglo siguiente, la evolución del cine gay fue impactada por una serie de transformaciones en las arenas políticas, tecnológicas, artísticas, sociales y culturales, transformaciones inimaginables a mediados de los años setenta, y que ampliaron el espectro del paisaje creativo y social: el auge del video analógico, la emergencia de la tecnología digital, internet, la fragmentación de la generación Stonewall por la epidemia del SIDA, el activismo provocado por la misma enfermedad, las experiencias agonizantes del cine experimental en los ochenta y su remozamiento a partir de los festivales especializados y el circuito de los microcinemas. Estos factores, y muchos más, incluida la emergencia de los estudios de cine y de la cultura queer, nos impulsan a plantear el asunto de otra manera. 
Un chant d´amour 

En la actualidad, no debemos presuponer formulaciones esencialistas respecto a la identidad gay ni asunciones modernistas respecto a la noción de cine de vanguardia. Los dos polos conceptuales podrían reformularse de la siguiente manera: ¿existe algo así como el filme de vanguardia?, ¿existe actualmente algo así como la identidad gay? E incluso otra pregunta, muy típica del post postmodernismo en el siglo XXI, ¿existe algún valor cultural en la exploración de tales ideas? A mediados de los años setenta, era importante cualquier declaración en el terreno del discurso público respecto a lo que entonces se llamaba cine de vanguardia. El análisis formalista no ofrecía ningún tipo de elucidación sobre la obra de cientos de cineastas y otros artistas que se encontraban fuera de ese punto de vista formalista. 


Debe ser sorprendente reconocer que Flaming Creatures, de Jack Smith, fue raramente reconocida como un producto cultural de un creador gay que trabajó en la escena underground neoyorquina antes, durante y después de los sucesos de Stonewall. Este silencio crítico ocasionó una percepción errada de la obra, mientras los estudiosos de la cultura gay no dejan de proclamar a los filmes de Smith como concernientes solo a temas homosexuales. Tales análisis resultan siempre deficientes, puesto que incluso para los estudiantes de cine es evidente hoy que toda obra propone una serie de niveles de apreciación, de análisis y de interpretación. 
Flaming Creatures 

El cine es una forma de arte muy viva que refleja la condición humana. El cine absorbe y transforma ideas y experiencias. A veces consigue inspirar a sus espectadores. Puede actuar como un agente de crecimiento, de cambio, de estímulo. El cine es un vehículo de evolución del espíritu de sus realizadores y también expone las cualidades existentes en la mente de quien concibió la obra. Por ejemplo, ¿puede Un chant d’amour separarse de la biografía personal de quien la creara? Por supuesto que no. Al filme lo informan las experiencias vitales de Jean Genet. (…) Cuando los seres humanos han tenido la experiencia de descubrir que su sexualidad es diferente de la de otros, y que por esa diferencia es rechazado, de todos modos se afecta la sensibilidad creativa. 

En pocas palabras, la sexualidad realmente marca una diferencia, y está documentada la íntima relación que existe entre el cine gay y lésbico y el movimiento del filme underground de Estados Unidos a mediados del siglo XX. La tecnología ha evolucionado; el número de artistas en el cine homosexual se ha multiplicado exponencialmente; son enormes las cantidades de experimentos y estilos que coexisten, pero los paradigmas del cine gay permanecen inmutables desde los tiempos de Jean Cocteau, y a veces sus límites se confunden con las fronteras del cine de vanguardia. 

A veces resulta tan incómodo hacer cine gay como de vanguardia. Por un lado, los programadores de los festivales que exhiben cine de vanguardia no programan a los artistas gays porque no tienen nada que ver con el llamado cine puro, y por otro lado, los programadores de los festivales especializados en cine sobre gays y lesbianas no incluyen filmes de estos artistas que no se relacionen con el tema de la homosexualidad. 

Uno de los grandes problemas del cine experimental y de vanguardia consiste en el nombre y la clasificación. Este tipo de cine ha existido desde finales del siglo XIX, reaparece en cada década y se identifica más por lo que no es que por los objetivos propuestos y logrados. Es un cine realizado en oposición al cine comercial, cual forma de arte alternativa y sumergida, que se enfrenta a la narrativa de Hollywood. Después de todo, Hollywood produce ficciones narrativas, mientras el cine homosexual genera una serie de estilos y formatos como las home movies, los videos de activismo, los filmes underground, los diarios personales, los ensayos en cine y en video, los cinepoemas, e incluso las ficciones narrativas. 

El empeño por encontrar y crear en la pantalla imágenes positivas de los gays y las lesbianas, está conducido por la necesidad de sentirse validado mediante la representación. Esta es una forma de evidenciar el deseo de ser asimilado: recrear la idea de que los homosexuales son iguales que todos los demás seres humanos. Este es uno de los grandes problemas de los festivales especializados en cine homosexual, que se apoyan en políticas asimilacionistas pero al final apuntan hacia un público minoritario y especializado. 

A principios del siglo XX, los filósofos comenzaron a criticar la profundización de las injusticias en torno a las libertades individuales amenazadas por el ascenso de las corporaciones mediáticas y de su impacto en las estructuras democráticas. A finales del siglo XX, los monopolios mediáticos han cimentado relaciones con los gobiernos que son al mismo tiempo alarmantes y peligrosas. Esta relación ha crecido mucho más de lo que Theodor Adorno y Max Horkheimer identificaron como cultura industrial en los años cuarenta. Nosotros estamos viviendo ahora en una fantasía mediática global, en un espectáculo de ilimitadas distorsiones. Ya no es una cuestión de imparcialidad periodística, sino del poder alcanzado por los medios en conglomerados como AOL Time Warner que posee Atlantic Records, CNN, HBO, Turner Classics Movies, Sports Illustrated, Time Warner Cable, Entertainment Weekly, Book of the Month, Warner Brothers, Cinemax, Castle Rock Entertainment, New Line Cinema y docenas de otras entidades. Conglomerados como este diseñan y controlan la información, el entretenimiento e incluso las representaciones de la oposición. 

El posible poder de un arte de cariz político se atempera con el poder del espectáculo, que continuamente absorbe y reduce a polvo todo criticismo. Si alguien dice que tal cosa es racista, inmediatamente aparecen los medios con sus “preocupaciones” raciales. Proclame que no existe integridad moral para lidiar con el SIDA y verá de inmediato una plétora de programas informativos. Y así con el enfoque de género, la raza, la homofobia… ¿a quién se le ocurre decir que los grandes medios son homofóbicos cuando existen esa gran cantidad de personajes gays y lesbianas tan divertidos, conmovedores e inspiradores? Como todos los productos de la industria cultural, estas imágenes positivas son el resultado de una necesidad artificialmente creada: la de pertenecer a la cultura heterocéntrica. 

Así, están los pequeños videos y filmes underground tratando de decir pequeñas verdades en la cara de un monstruo que tiene más cabezas que una hidra. Como en la mitología, el monstruo repone dos cabezas cada vez que pierde una como resultado de un ataque. El monstruo, el espectáculo mediático, siempre encuentra un medio de regenerarse, de absorber el criticismo, de adaptarse a cualquier medio. 
Un chant d´amour 

Los exhibidores del cine gay debieran adoptar una nueva política: aceptar y mostrar todas las obras, pues resulta francamente atroz que ellos también apliquen políticas de exclusión. Además, la idea de que solo deben mostrarse trabajos muy recientes se relaciona francamente con las fantasías consumistas. El presente y el pasado permanecen indisolublemente ligados, y además, matar y devorar a nuestros ancestros no es más que otra pesadilla heterocultural que no debiera ser aceptado como parte del paradigma aceptable por el cine homosexual. 

El cine homosexual es, existe, honra su pasado, crea su futuro y resiste, rodando en super 8, desafiando el orden imperante, y creando un portal en el cual la luz y el amor penetran de una manera que desconocen las grandes películas. 



Selección de fragmentos y traducción a cargo de Joel del Río 

Jerry Tartaglia es un cineasta y escritor, así como profesor asistente de cine en el Departamento de Comunicación en la Universidad Adelphi.