PASIÓN Y POESÍA EN LA EDAD DE PLATA RUSA 

por Roberto Echavarren

Kuzmin e Ivanov, Kluev y Arjipov y Esenin, Tsvietaieva y Parnok: el amor homosexual y la vida bohemia rodaron bajo la maquinaria soviética y el marxismo aplicado. A continuación, un exhaustivo "quién con quién" de la literatura rusa en los tiempos de Stalin. 

El período entre 1890 y 1917 es el más brillante e interesante de la historia intelectual rusa. Filósofos como Vladimir Soloviov, poetas y escritores encabezados por Alexander Blok, por nombrar sólo a unos pocos, constituyen una pléyade inigualable en el pensamiento y las letras europeos. Ese período extraordinario se llamó "Edad de plata", en contraste con la "Edad de oro" de Pushkin, varias décadas antes. Coincidió con un relajamiento de la censura después de la revolución de 1905, cuando el zar Nicolás II se vio obligado a conceder un parlamento o "duma" con diputados elegidos a través de elecciones libres.

"La Edad de plata" coincidió, además con un extraordinario crecimiento económico, cuyas cotas de producción la Unión Soviética tardó alrededor de trece años en igualar. Pero el nuevo y extraño respiro se interrumpió abruptamente con la revolución de 1917 y el golpe de octubre de Lenin, que inauguró un período de gran penuria económica e instauró una censura feroz como el país no había conocido antes. La mayoría de esos escritores e intelectuales fueron asesinados por la policía política, o bien perecieron en los campos del Gulag o fueron expulsados de Rusia, y hubo también quienes, como buena parte de la población, murieron de hambre. Pero en su persecución jugó no solo la autonomía política o artística: también la opción sexual fue vista como un disenso peligroso respecto de la revolución que avanzaba. Estas páginas se proponen retratar la efervescencia creadora que marcó la "Edad de plata", y también trazan el mapa amoroso que unió a estos poetas aniquilados.

En los primeros años del siglo XX dos escritores se establecieron en un apartamento de Petersburgo al que se dio en llamar "La Torre" por estar en un piso relativamente alto de un nuevo edificio. Su casa se convirtió en un salón literario influyente. Allí terminó mudándose el joven Mijail Kuzmín, cuando todavía no era poeta, ni novelista, ni autor teatral, sino estudiante de música y compositor de canciones. Los escritores a que me refiero eran Viacheslav Ivanov y su mujer Lidia Zinovieva-Anibal. El primer libro de poemas de Ivanov, Estrellas piloto (1903), fue bien recibido y le dio un lugar permanente en el triunvirato de la "segunda generación de simbolistas" integrado además por Alexander Blok y el poeta y novelista Andrei Bieli. Ivanov era bisexual, al igual que su esposa.

Según su diario de 1906, Ivanov veía en Mijail Kuzmín a un "pionero del futuro", cuando el valor y atractivo del amor homosexual fuese reconocido, lo que permitiría a las criaturas alcanzar un nivel más alto de tolerancia, disminuir el salvajismo civilizado y la brutalidad presentes en buena parte de la historia.

En su momento, Ivanov se enamoró de un larguirucho y joven poeta, Serguei Gorotdetski, más tarde uno de los fundadores del movimiento acmeísta. Gorodetski era mayormente heterosexual, aunque diez años más tarde parece haber tenido un affair breve con Serguei Esenin. Respondió al enamoramiento de Ivanov por un tiempo pero el romance, pasajero y aparentemente insignificante, llevó a Ivanov a escribir uno de sus mejores libros, Eros, un relato de cortejo, seducción y rechazo contado en verso libre, de hipnóticos ritmos, sonoridades e imágenes, con poemas como "El jardín de las rosas" y "La conjuración de Baco". Allí el amado aparece como dios del vino, o bien como un fauno de mojones fronterizos, o como una peligrosa ave de presa a la que se espera poder cautivar antes de que nos destruya.

Su esposa, ya hemos visto, también practicaba el amor libre. En 1904 Lidia Zinovieva-Anibal publicó una pieza teatral, "Anillos", hoy perdida. Después de su muerte, por escarlatina, en 1907, Ivanov publicó una novela de su esposa, Treinta y tres monstruos, y dos libros de relatos, que mostraban que el amor queer puede ser serio, profundo, emocionante. Como Alas, la novela homoerótica de Mijail Kuzmín, Treinta y tres monstruos tuvo varias ediciones hasta el golpe de estado de Lenin. A partir de entonces la censura impidió nuevas ediciones.

Mijail Kuzmín publicó Alas en 1906, una novela sobre las alternativas del amor entre hombres, heredera en parte, en cuanto a la atmósfera, de El retrato de Dorian Gray (la novela de Oscar Wilde se publicó en ruso en 1907) y de Contranatura de Huysmans. El mundo y las preocupaciones de Kuzmín, sin embargo, son rusos. La escritora Marina Tsvietáieva evoca a Kuzmin en el relato autobiográfico "Una tarde de otro mundo", que narra su encuentro a finales de 1915 en Petrogrado, en una velada literaria en casa de los Kannegiser. Kuzmín publicó además poesía y piezas teatrales. Obligado a mantener un perfil muy bajo durante el período soviético, logró sobrevivir hasta 1936. En 1938 su amante de muchos años, Yurkun, fue arrestado y ejecutado por la NKVD (siglas de la policía política por entonces) junto con un grupo de escritores, en una de las purgas intelectuales ordenadas por Stalin.

Acabamos de mencionar a Tsvietáieva. Una de las figuras más deslumbrantes de la literatura rusa del siglo XX, poeta, cronista de su época y corresponsal de Rainer Maria Rilke y Boris Pasternak, en 1916 Marina Tsvietáieva escribiría el ciclo de poemas "Amiga", dedicado a la torturada pasión que la unió por más de un año con la bella poeta Sofía Parnok, una suerte de Don Juan femenino. En él consignó su propio acme, su pasión, sufrimiento y gozo sin disimulo ni pudor. En su diario de 1920, al recordar la cercanía de Sofía anota: "Ella podía rechazarme, volverse de piedra, aplastarme bajo sus pies, pero me amaba". Alguna vez describió su ruptura con Parnok como "la primera catástrofe" de su vida. Pero ese dolor otorgó madurez a su escritura.

A finales de 1915 Tsvietáieva y Parnok hicieron juntas un viaje a Petrogrado. Marina lo relataría veinte años después en "Una tarde de otro mundo". Aunque allí elimina la presencia de Parnok, en carta a Kuzmín restituye los hechos reales. El viaje fue una larga sesión de mutuos reproches y escenas lacrimógenas. Lo que desencadenó estos sucesos fue la presencia de Marina en una velada literaria, una vez más en casa de Akim Kannegiser. Allí recitó versos y conoció a varios poetas relevantes, entre ellos a Mijail Kuzmín y Serguei Esenin, y se reencontró con Osip Mandelstam, a quien había conocido el verano anterior en Koktebel, sobre el mar de Azov. A pesar de ser siete años menor que Parnok, Marina era por ese entonces una poeta mucho más cabal, madura y admirada que la donjuanesca Sofía.

Conocedor profundo de Dante, autor, entre otros, de Viaje a Armenia y de una velada invectiva contra Stalin que le valió morir en Siberia, Maldelstam se enamoró de Marina y la visitó poco después en Moscú. Ella lo trató como un amigo y un poeta a su altura, pero no correspondió a su encaprichamiento. De todos modos, después de la primera de las breves visitas de Mandelstam a Moscú, Marina se apresuró a visitar a Parnok, "pero sólo para encontrarse con que había otra mujer sentada al borde de la cama y enterarse de que la relación había terminado", según el biógrafo de Tsvietáieva Simon Karlinski.

En 1919 Marina se enamoraría de una actriz, Sonia Halliday. A ella le dedicó ese año un ciclo de poemas y más tarde, en 1937, después de la muerte de Halliday y también de Parnok, el estupendo "Relato de Soniechka". En esta segunda relación se invirtieron los papeles: Sofía Parnok había sido la mayor y más experimentada, y Marina escribía: "Antaño para mí eras una madre". Por el contrario, Soniechka era menor y Marina se sentía la figura maternal y protectora. A medida que pasaron los años Tsvietáieva mantuvo una atracción a veces impulsiva hacia las mujeres. Nina Berberova cuenta en sus memorias que, habiéndola visitado junto con el poeta Jodasiévich, su pareja de entonces, y el crítico Roman Jakobson, en Praga, Marina desenchufó de pronto la lámpara del cuarto y aprovechó la breve oscuridad para arrojarse sobre una sorprendida Nina, que no compartía sus tendencias. Entre 1932 y 1934 Marina escribió en francés "Carta a la amazona", dedicado a una entonces conocida autora lesbiana afincada en París, Natalie Barney. En ella problematiza la atracción profunda por las mujeres señalando la falta de descendencia de un amor lesbiano. Fiel por un lado a la concepción del filósofo Vladimir Soloviov, de que un gran amor carece de descendencia, establece un conflicto clásico de la mujeres. En los apuntes de "Del amor", Marina escribe que "el estado amoroso y la maternidad se excluyen el uno al otro. La verdadera maternidad es viril".

A la generación de Kuzmín pertenecían también los "poetas campesinos" (llamados así por su extracción no urbana), todos ellos homosexuales o bisexuales. Los de mayor mérito literario y más reconocidos fueron Nikolai Kluev y Serguei Esenin. Kluev (1887-1937) provenía de una familia de viejos creyentes de la secta de los Jlistis (también llamados "Cristos" o flagelantes) de la región de Olonets, en el extremo norte. El amor de su tierra natal y de las artesanías de la zona, la pintura de íconos y los himnos religiosos de los Jlistis, que él mismo empezó a componer desde muy joven, permean todo lo que escribió. En 1912 se publicaron en Rusia dos de su libros de poemas, El campanear de los pinos y Cantos fraternales. El último contenía temas abiertamente homoeróticos. A juzgar por sus poemas juveniles, su primer amor fue un marino que pereció en la guerra ruso-japonesa de 1904-1906.

Kluev se convirtió en el líder de los poetas campesinos, dos de los cuales, Alexander Shiriavets y Serguei Esenin, fueron amantes suyos. Estos poetas abogaban por el separatismo rural, rechazaban las ciudades y los estilos urbanos y la industrialización por razones ecológicas. Las relaciones eróticas conocidas de Kluev fueron siempre homosexuales. Además de los ya nombrados, podemos agregar, en tiempos soviéticos, al novelista Nikolai Arjipov y al pintor Anatoli Yar-Kravchenko. Pero su mayor pasión fue tal vez Serguei Esenin, un jovencito espléndido, seductor y oportunista.

 Esenin llegó a Petrogrado en 1915 y escribió a Kluev una admirativa carta y el deseo de conocerlo. Kluev llegó a Petrogrado "y se apoderó" de Esenin, transformándose por un tiempo "en su único poseedor" (según testimonio del poeta acmeísta Gorodetski). 

Se volvieron un dúo: hacían lecturas juntos y llevaban las mismas prendas campesinas, que contrastaban con las vestimentas ciudadanas. Se piensa que en 1916 Esenin escribió tres poemas de amor a Kluev, aunque el destinatario no queda especificado. 

Además, Esenin era bisexual; de hecho, llegó a casarse con la actriz Zinaida Raikh (más tarde esposa del director teatral Vsevolod Meyerhold. Después de que éste fue arrestado y ejecutado en los 30, ella también fue asesinada en su propio apartamento por sicarios de la policía). Además de este matrimonio, Esenin se casó con Isadora Duncan y luego con una nieta de Tolstoi; pero no por eso dejaba de ser muy promiscuo con los hombres.

Aunque Kluev y Esenin saludaron el acceso de Lenín al poder, hacia 1922 ya se habían desilusionado, a raíz de la campaña de ateísmo de Lenín, que perseguía a las sectas (tanto como a la iglesia ortodoxa), la requisa de grano que hambreó a los campesinos (entre el 21 y el 22 murieron cinco millones de rusos), el aplastamiento sangriento de las revueltas campesinas (la más cruenta, en Tambov, donde los paisanos eran gaseados por el ejército rojo), y la persecusión de homosexuales. Serguei Esenin fue arrestado dos veces por la GPU (sigla de la policía política en los 20) y presumiblemente asesinado en 1925 por la policía en su cuarto de hotel. El crimen se disimuló como suicidio.

En sus dos libros de 1922, La cuarta Roma y Madre Sabat, Nikolai Kluev proclamó en forma desafiante y con una fuerza sin precedentes su orgullo homoerótico. Y acusó a la Unión Soviética y a Serguei Esenin de traicionar lo que proclamaban como sus primeras intenciones y su definición mejor. Por expresar estos sentimientos en un escrito, Kluev fue tachado muy pronto de reaccionario.

A partir de 1925 Kluev ya no pudo publicar. Al final de los 20 escribió una diatriba sobre los efectos del régimen soviético en la vida campesina: Pogorelshina. Este poema se conserva en la copia entregada a un investigador italiano, que consiguió sacarla del país. Kluev lo leía sólo a contados amigos, lo que le valió sin embargo el arresto bajo denuncia en 1933. Sentenciado a cuatro años de trabajos forzados, sobrevivió en reclusión. Pero su condena expiraba en el apogeo de las purgas stalinianas y nadie se atrevía a liberar a los prisioneros. 

Las autoridades del Gulag lo mantuvieron encerrado, y lo transportaban a diversos campos a través de Siberia hasta que él les resolvió el problema mediante un ataque al corazón en 1937. Un desenlace semejante tuvo el propio Mandelstam. Los poemas inéditos de Kluev y su correspondencia quedaron en manos de su ex-amante Arjipov y desaparecieron cuando éste murió a su vez enviado a un campo.

Una frase de la correspondencia, que data de los 30, del novelista y dramaturgo Mijail Bulgakov (autor de la prodigiosa novela, secreta entonces, El maestro y Margarita), reza: "los manuscritos no arden". Suena como una paradoja frente a los desmanes aniquiladores de la policía política. Sólo a partir de los 60 y 70, algunos manuscritos prohibidos que no habían "ardido" empezaron a circular en la Unión Soviética por vías clandestinas, en copias mecanografiadas. 

A esa circulación subrepticia se la llamó "samizdat". Las ediciones suprimidas de los escritores de la "Edad de plata", así como muchos originales, imposibles de publicar en la era soviética, han sido recuperados en Rusia a partir de los 90, y los poetas declarados "no-personas" y "enemigos del pueblo" encuentran un lugar destacado en las librerías rusas, y son cada vez más leídos, traducidos y estudiados. Más allá de la supresión y el asesinato, triunfa la literatura viva.


Roberto Echavarren
es uruguayo. Ha publicado Universal ilógico y Oír no es ver, en poesía, y la novela Ave roc. También tradujo poesía en lengua inglesa.