THE SHAMPOO 

Poema dedicado a Lota Macedo, su amante.

The still explosions on the rocks,

the lichens, grow

by spreading, gray, concentric shocks.

They have arranged

to meet the rings around the moon, although

within our memories they have not changed. 

And since the heavens will attend

as long on us,

you've been, dear friend,

precipitate and pragmatical;

and look what happens.  For Time is

nothing if not amenable. 

The shooting stars in your black hair

in bright formation

are flocking where,

so straight, so soon?

--Come, let me wash it in this big tin basin,

battered and shiny like the moon.

 

I/Conversación  

El tumulto del corazón
sigue haciendo preguntas.
Y entonces se detiene para responder
en el mismo tono de voz.
Nadie nota la diferencia.

Sin inocencia estas conversaciones comienzan,
y luego ocupan los sentidos,
significándoles algo a medias.

Y luego no hay escogencia,
y luego no hay sentido;

hasta un nombre
y todas sus relaciones son las mismas.

 

 

Un arte

El arte de perder no es muy difícil;
tantas cosas contienen el germen
de la pérdida, pero perderlas no es un desastre.  

Pierde algo cada día. Acepta la inquietud de perder  
las llaves de las puertas, la horas malgastadas.  
El arte de perder no es muy difícil.

Después intenta perder lejana, rápidamente:
lugares, y nombres, y la escala siguiente
de tu viaje. Nada de eso será un desastre.

Perdí el reloj de mi madre. ¡Y mira! desaparecieron
la última o la penúltima de mis tres queridas casas.
El arte de perder no es muy difícil.

Perdí dos ciudades entrañables. Y un inmenso
reino que era mío, dos ríos y un continente.
Los extraño, pero no ha sido un desastre.

Ni aun perdiéndote a ti (la cariñosa voz, el gesto
que amo) me podré engañar. Es evidente
que el arte de perder no es muy difícil,
aunque pueda parecer (¡escríbelo!) un desastre.

 

 

El iceberg imaginario

Es mejor tener el iceberg que el barco,
aunque ello signifique el fin del viaje.
Aunque permanezca totalmente inmóvil como una nublada roca
y todo el mar fuera móvil mármol.
Es mejor tener el iceberg que el barco;
poseeríamos más bien esta llanura de nieve
aunque las velas del barco anduvieran por el mar
como la nieve yace no disuelta sobre el agua.
Oh, solemne y flotante campo,
¿Te das cuenta que un iceberg reposa
contigo y cuando despierte puede pacer en sus nieves?

Esta es una escena por la que un marino daría sus ojos.
El barco es ignorado. El iceberg se alza
y se hunde de nuevo; sus vítreas puntas
corrigen las elipses del cielo.
Esta es una escena donde quien pasea por la borda
es incultamente retórico. El telón
es demasiado ligero para alzarse en las más finas cuerdas
que las aéreas torsiones de la nieve provean.
La gracia de estos blancos picos
hace sombras con el sol. El iceberg desafía su peso
sobre un movedizo escenario y se está y observa.

El iceberg corta sus facetas desde dentro.
Como las joyas de una tumba
continuamente se protege y adorna
sólo él mismo, quizás las nieves
que tanto nos sorprenden flotando en el mar.

Adiós, decimos, adiós, el barco se pierde
adonde las olas se entregan a otras olas
y las nubes pasan a un cielo más cálido.
Los iceberg son necesarios al alma
(haciéndose ambos de los elementos menos visibles)
para verlos así: encarnados, bellos, indivisiblemente erigidos.

 

 

Llueve hacia el amanecer

Llueve amargamente en mi jardín

En este declinante otoño.

Yo solo tengo vagos sentimientos poéticos

Que no logro reunir

Se disipan por entre las oscuras nubes

Y las hojas rojas

Después del amarillento ocaso

La fría luna se despierta

Entre la niebla melancólica

No descolgaré las persianas de bamboo

De su gancho de plata.

Esta noches mis sueños seguirán al viento

Soportando el frío,

Hacia la torre de jade de tu hermoso cuerpo 

 

 

Mientras alguien llama por teléfono

 Gastados, gastados minutos que no podrían ser peores,
Minutos de un barbárico consentimiento.
—Mirar desde la ventana del baño los pinos,
sus oscuras agujas, crecimientos sin propósito
cristalizados en madera y donde dos cocuyos
están solamente perdidos.
Oír sólo un tren que pasa, que debe pasar, como una tensión;
nada. Y esperar:
pudiera ser que incluso ahora los huéspedes de estos minutos
emerjan, algún relajado y poco deferente extraño,
liberación del corazón.
Y mientras los cocuyos
no logran iluminar estos árboles de pesadilla
que no sean sus alegres verdes ojos.  

 

IV/Oh, respiro  

Debajo de ese amado y celebrado seno,
Silente, realmente fastidiado jaspeado a ciegas,
Se aflige, quizás vive y deja
Vivir, pasa apuesta,
Algo moviéndose    pero invisiblemente,
Y con qué clamor   porqué refrenado
No puedo entender siquiera un murmullo.
(Ver el delgado vuelo de nueve cabellos negros
cuatro alrededor de uno cinco el otro pezón,
volando casi intolerablemente    en tu propio respiro).
Equívoco, pero lo que tenemos en común    debe estar allí,
lo que debamos poseer equivalentes,
algo con lo que quizás yo puedo regatear
y hacer una paz por separado  por debajo
dentro  si jamás con.  

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